Alberto de Onaindía Zuloaga (Markina, 30 de noviembre del 1902 – Donibane Lohitzune, 18 de julio de 1988) fue un sacerdote y patriota vasco que se exilió en Inglaterra y posteriormente a Francia a raíz de la victoria «nacional» en 1939. Fue uno activo resistente y propagandista de la causa vasca, destacando por las charlas radiofónicas semanales desde Radio París en castellano bajo el seudónimo de «sacerdote doctor Olaso» entre 1946 y 1957.
Las presiones diplomáticas del régimen franquista consiguieron que las autoridades francesas cerraran su programa tal como él mismo denunció en una misiva ampliamente difundida que llevaba por título «La razón de mi silencio», escrito en un lenguaje erudito, impregnado de los valores morales que divulgaba en sus charlas:
“Mis radioescuchas conocen perfectamente el carácter de esas crónicas: se trataba de proclamar principios éticos y de moral natural, y de aplicarlos a los hechos de cada día, teniendo en cuenta la situación espiritual y las exigencias de su inmenso auditorio. Nunca quise hablar por hablar, ni estudiar temas irreales e imaginarios. Mi afán consistía en encarar las ideas, en aplicar las doctrinas a los hechos, en explicar con la mayor sencillez postulados de honradez, de rectitud, de justicia y de caridad, con la mira puesta en mis oyentes. Sobre todo, me constituí en defensor de la libertad humana, vilipendiada y ultrajada”.
Terminaba su escrito de despedida con esas palabras:
“Los problemas puramente políticos. económicos o sociales eran enjuiciados desde el punto de vista humano y ético. He aquí el secreto del éxito. Esta ha sido la lección más consoladora de mis años de colaborador. Y será un factor poderosísimo para construir un futuro de paz, de concordia y de convivencia entre hermanos que un día de combatieron a muerte, y, en consecuencia, sea este mi último mensaje: Paz a los hombres de buena voluntad …!!”.
Ese opúsculo lo he encontrado entre los papeles de mi difunto padre, en un sobre enviado a su atención personal desde París, sin remitente, en noviembre de 1957, lo que hace suponer que era uno de los oyentes con los que el sacerdote vasco mantenía correspondencia. En dicho escrito añadía una última reflexión sobre la guerra civil titulado «La caridad cristiana y nuestros muertos», donde el sacerdote trataba del espíritu de reconciliación que debía guiar la conducta de los que habían participado en el conflicto civil en bandos enfrentados. La misma preocupación impregnaba un librito posterior, del año 1969, dirigido a la juventud vasca titulado «Jóvenes de mañana», editado por Ekin en Buenos Aires.
Hoy, aniversario de su nacimiento, su ejemplaridad moral y abertzale es un referente útil para la reflexión sobre la situación política de Euskal Herria.








