A costa de la casta, no

«Con Rodrigo Rato el PP ha topado con la casta, con las familias franquistas que se hicieron ricas durante la dictadura y se convirtieron en hegemónicas aprovechando la Transición»

«Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos», fue la manera displicente, vía sms, con la que Mariano Rajoy trataba de sacudirse a Luis Bárcenas, un asalariado del partido que empezaba a ponerse pesado. Fue el prólogo de aquel «sé fuerte» que abandonaba el extesorero a su suerte. Pero Rodrigo Rato no necesita palmaditas en la espalda.

Rato no tiene que hacerse el fuerte. Rato es fuerte. Con Rodrigo Rato el PP ha topado con la casta, con las familias franquistas que se hicieron ricas durante la dictadura y se convirtieron en hegemónicas aprovechando la Transición. La familia Rato ya fue capaz de obtener varias licencias de radio privada en 1942, concesión directa de Franco. Y desde entonces han hecho todo tipo de negocios con las élites políticas y financieras madrileñas. El resultado es una fortuna inmensa y una red de contactos, favores, información y deudas cruzadas que tiene sus raíces en el meollo del régimen del 78.

Por eso Rato se permite el lujo de contradecir públicamente al ministro del Interior, el mismo que se supone que ha ordenado que le investiguen. Jorge Fernández Díaz viene de una familia de funcionarios que siempre han servido al régimen, sea cual sea. Pero Rato no sirve al régimen, es ‘el régimen’. O sea que él -y, por extensión el resto del vecindario de su chalet de la Moraleja- ya han dejado claro que el PP no se salvará a costa de la casta.