Hoy, 2 de diciembre, se cumplen 561 años de la muerte en 1464, en su prisión del castillo de Orthez, de la princesa Blanca de Navarra, que en rigor era la reina Blanca II de Navarra, pues tras la muerte de su hermano Carlos de Viana era la heredera legítima e incontestable. Entre su padre Juan II y su hermana Leonor acabaron con su vida, unos dicen que por envenenamiento y otros que porque no pudo soportar ya más el maltrato padecido durante toda su existencia.
Esto es lo que opinaba su siempre caritativo padre de ella, según el Acta de Desheredamiento que contra todo derecho y legitimidad perpetró para arrebatarles Navarra a sus hijos Carlos y Blanca en 1455:
“…E así mismo contra la princesa Dª Blanca, su hermana, así como adhiriente a su hermano el Príncipe de Viana, y por cuanto le da todo el favor y ayuda que ha podido y puede, contra la voluntad e mandamiento mío, su dicho señor Rey y padre. Y reside y está con el dicho príncipe continuamente, participando con él en la dicha inobediencia paternal…»
Y así es como muy certeramente describía la princesa Blanca a su padre, según una carta autógrafa del año 1462:
“Sepan todos que el dicho mi señor padre es el mayor perseguidor y destructor de mi honor, heredad y derechos […] Y no quiero decir más de él por respeto de ser él mi padre. Y suplico a Dios que le quiera perdonar aqueste tan grave caso y pecado contra mí y contra mi hermano Carlos (que somos de su carne propia) cometido, y le quiera iluminar el entendimiento, de manera que venga en conocimiento y haga verdadera penitencia…»
La más desdichada de las princesas de Navarra









