El 18 – 19 de noviembre de 1096, Pedro I, rey de Pamplona y Aragón, conquista Huesca.
En «Alcoraz» lugar cercano a Huesca el rey Pedro I venció, el 18 – 19 de noviembre de 1096, a las tropas de al-Mustain, rey de la taifa de Zaragoza que, auxiliado por tropas castellanas, había acudido en ayuda de la ciudad, sitiada por los aragoneses y pamploneses. La derrota musulmana condujo a la inmediata entrega de Huesca a los cristianos.
Los textos en árabe que nos han llegado, utilizan la palabra «baskunis» (vascones) cuando mencionan a los monarcas y a los habitantes de nuestro antiguo reino de Pamplona/Navarra.
Pues bien, según se desprende de los escritos de Ibn Hayyan, Al-Udri y otros cronistas y geógrafos andalusíes, cinco generaciones de emires y califas de la poderosa Córdoba tuvieron madres vasconas.
Ŷalāliqa (gallegos) es un nombre genérico que se aplicaba a los naturales de Ŷillīqiya. Esta población se diferenciaba de las gentes del área catalanoaragonesa, que recibían el nombre de francos (ifranŷ). Por esta razón los reyes astur-leoneses y, con posterioridad, los castellanos aparecen denominados en ocasiones como “reyes de los gallegos” o “reyes de Ŷillīqiya”.
En ocasiones las fuentes hablan de los rasgos distintivos entre gallegos, vascones y francos. De forma general, los francos son más numerosos, pero poco valientes, los vascos son valientes pero escasos en número. Los gallegos son numerosos y valientes y en ellos tienen los andalusíes a sus más temibles adversarios, siendo los más aventajados militarmente, los más belicosos y temibles, pues despliegan más energía, fuerza y coraje, hasta el punto de que un solo gallego puede hacer frente a varios francos. Los gallegos se convierten así en el tipo representativo de la bravura y la belicosidad cristiana.
Las fuentes escritas nos cuentan que Abd al Rahman III, el primer Califa de al Andalus tenía el pelo rubio rojizo y los ojos azules. Quizás esta no sea la imagen que todos asociamos con los líderes musulmanes omeyas, pero esto se debe al origen norteño de su madre y abuela. No obstante, el gusto de los miembros de la dinastía omeya por las concubinas cristianas venía de bien antiguo, lo que nos lleva a entender las características físicas de muchos de los emires y califas cordobeses.
https://www.facebook.com/share/p/1AEmrdD5V2/












