Sarrionandia o la poesía musical de la niebla

El grupo Kortatu y la voz incuestionablemente suya de Fermín Muguruza reciclaron una canción jamaicana y con la letra cambiada la convirtieron en himno de la resistencia vasca de última generación. ‘Sarri, Sarri’, rock duro y decibelios a flor de piel evocando la fuga de Joseba Sarrionandia de la prisión de Martutene, cumplidos cinco años de una pena de veintidós. Fugitivo de película, escondido en el bafle del cantautor Imanol, que había dado un recital con motivo de la fiesta nacional de ‘Nafarroa Euskadi da’, el 7 de julio de 1985. Dirigía el operativo Mikel Albisu, ‘Antza’, que sería con el tiempo uno de los dirigentes de ETA que la llevó al adiós a las armas. En ese momento, Sarri y Antza eran dos viejos amigos unidos por la literatura, cuando el apocorístico y el seudónimo no eran nombres de guerra.

Tras la fuga, Sarri se desvaneció en la niebla que rodea su penúltimo libro, aunque aparentemente no son los vascos sino los bereberes los que se camuflan entre las bromas de aquel texto inmenso, ‘Somos como moros en la niebla? ‘, en el que el autor hace dialogar prácticamente todos los volúmenes de su biblioteca. Nadie sabía nada de Sarri, y los que lo sabían fingían no saber nada, hasta que sus expedientes han prescrito y ha sacado la cabeza con cabellos blancos y treinta años más de los que tenía cuando le hicieron la última foto. Ni los alumnos que asistían a sus clases en La Habana, donde reside, sabían que el profesor que les enseñaba literatura euskera era uno de los protagonistas más importantes de la historia que contaba.

Tiene sesenta años o tiene treinta libros, dos maneras de medir el tiempo. Ha cultivado todos los géneros literarios, ha traducido al euskera a Elliot, Coleridge, Melville… y una de sus aportaciones más originales ha sido mezclarlos con él mismo en lúcida entropía creativa. Su amigo Bernardo Atxaga dice que Sarri tiene «el don», lo que Lorca llamaba «el duende», y que recíprocamente Sarri reconoce a Atxaga. «El don» es un privilegio de aquellos que escriben tan bien, que manejan tan artísticamente las palabras, que los puedes ir leyendo sin importarte un rábano qué es lo que dicen; y lo que dicen, además, siempre es un excedente de significado por erudición y cultura. Esta superación de la lógica que hace que el lenguaje verbal se asocie al musical, culmina en la poesía, y por encima de nuestros cantos, los versos de Sarri son seguramente los más musicados de la lírica vasca: Mikel Laboa, Xabier Lete, Ruper Ordorika, ‘Oskorri’… Y, claro, Imanol y los hermanos Muguruza. Hay alrededor de ciento cincuenta recreaciones musicales de textos suyos, parcialmente recogidos en el libro ‘Hau da ene ondasun guzia’.

Gracias al empuje sabio de Jordi Panyella Carbonell, director de Polen Ediciones, ‘Som com moros dins la boira?’ fue traducido el año 2012, con presentación de lujo en el CCCB. Es un viaje iniciático de 770 páginas, donde, saltando barreras de géneros literarios, el autor reflexiona sobre historia, idioma y nación, a partir de un tratado antiguo sobre la lengua amazigh, hecho por un familiar suyo, no se sabe si real o ficticio, el franciscano Pedro Hilarión Sarrionandia. Comienza en África y termina en el País Vasco. Este texto único, editado en versión original por Pamiela Etxea, fue galardonado con el Premio Euskadi de Ensayo 2011, pero el Gobierno Vasco le aplazó la retribución de 18.000 € hasta que regularizara su situación, lavándose se las manos con el ‘excusatio non petita’ de que «nadie pone en cuestión sus méritos literarios».

En el año 2014 se tradujo al catalán ‘Yo no soy de aquí’, uno de los libros esenciales de su producción, diario más de reflexiones que de datos de su estancia en prisión, que, sin embargo, cuando afloran, son definitivamente impresionantes: imaginen un preso de ETA por los penales españoles de los años ochenta. Pero, más allá de la crónica carcelaria, de ‘Yo no soy de aquí’ sobresale un pensamiento completo, estructurado, que va desde la inexcusable cuestión de la violencia a reflexiones sobre la escritura, el tiempo, la tradición, la lengua , la niñez, la melancolía, el periodismo…

En el libro -créanme, una joya- hay una maravillosa «teoría de los amarillos» que se podría adoptar como canónica de los símbolos de la libertad de los presos políticos catalanes: «El amarillo, cuando es puro, es un color luminoso, alegre , tierno, cálido y suave. El amarillo puro es un color sereno y agradable». También dedica unas líneas a los tribunales: «Todo este ritualismo de los tribunales -afirmó Michel Foucault- no pretende juzgar la culpabilidad o la inocencia del imputado: no son más que jerarquías y ritos destinados a probar la inocencia del tribunal».

La ucronía hace treinta años logra más vigencia en el poemario que ahora sale en catalán, igualmente con Polen, ‘És morta la poesía?’ -vuelve a titular con interrogante desafiando las convenciones de Ginebra-, porque recupera el juicio y la prisión, en pleno juicio del independentismo catalán que comparte y que valora por su epíteto pacífico, con la autoridad moral de quien abogó a contracorriente por el fin de la violencia, que consideraba un desastre. En el poema ‘Ministerio Fiscal’, filosofa sobre la longitud de las penas: «¿99 años? Puesto a que se cumpliera la voluntad del Ministerio Fiscal, / no me liberarían hasta el año 2079. / Mientras tanto, el mundo va cambiando, ayer casi es hoy, / la eternidad avanza como un tornillo / y los rebeldes obedecemos también / la ley del tiempo y del polvo «.

Las tres traducciones de Joseba Sarrionandia al catalán son de Ainara Munt Ojanguren, con colaboración de María Colera Intxausti en ‘Jo no sóc d’aquí’. Está contento y, desde el carácter casi preternatural que otorga a su lengua anterior a los idiomas, ama el catalán. Le gustan poemas de Brossa y Margarit, cuentos de Calders y Monzó, novelas de Rodoreda y Sánchez Piñol… Con un especial afecto personal por Martí i Pol, con el que mantenía correspondencia cuando estaba en la cárcel del Puerto de Santa María, y explica cómo compartían las inmovilidades tan diferentes de una cárcel y una silla de ruedas.

ARA