Dicen que Dulcitius, el del Ramalete, cuando estaba peleando en Britania llego a decir que Tutela era un paraíso de las Diosas Juno y Venus. Tutela, aunque para los romanos no fue significativa en líneas generales, supuso un antes y un después en su presencia en la Ibérica Península, ya qué las Corts Vasconas, incluidos los de Segia, actual Ejea de Los Caballeros, fueron un cuerpo de élite dentro de la filas Romanas, cuerpo militar muy apreciado, incluso como Guardia Personal de alguno de los Caesares, que propiciaron sin animadversión, el desarrollo de lo que siglos más tarde se conocería, como dijo Sancho VI El Sabio, la lingua Navarrorum.
Pero los Romanos, de Tutela, pasaron treinta y tres y directamente se fueron a Mallen, Ablitas y Cascantum, Gracurris y Calagurris, y he, que allí, se encontraron con Berones, Celtiberos y al paso de los años también Vascones. Ager saltum y Ager vasconum, la misma palabra lo dice, almendruco, fruto seco.
Diríase que desde la llegada de Amrus Ben Yusuf y el Clan de los Casio, que luego serian Quasi, hermanados con los vascones de Pompelo, Iruña… Al Totila creció con la media luna en la frente y entre las posaderas, Pamplona.
Muza Ibn Muza llegó con sus chirimías y sus estandartes verdes, desde los cerros del actual Fuerte San Cristobal hasta las mismas campas de la Media Luna, y Eneko respiro cuando en sus oídos retumbaba, el sonido de la guerrera jarcha Banu Quasi.
Los hermanastros en Ibaeta, el quasi y el vascón, ribera y montaña, machacaron a los Francos y decidieron correr el mismo destino y las mismas suertes y negocios, mientras fueran beneficiarios de la unión. Con los años, el buen rollito se rompió y los Reyes de Pamplona, una sí y otra también, intentaron ganar Al Totila para el Reino vascón.
Los musulmanes aguantaron hasta el 1119, fecha en la que oficial y academicámente se consolida la Conquista Cristiana de Tudela, y con los cristianos llegaría el escándalo, la corrupción, la envidia y todos los Pecados capitales y los pecados de Pueblo.
Llegado Alfonso I El Batallador a Tudela y engañados los tuyibies, la vieja Ciudad Musulmana, Mezquita incluida, pasara a manos de Templarios y Cruzados, y Margarita la del Águila, sobrina del Percherón, pasara a ser Reina de Pamplona, casada con el nieto del mercenario CID campeador, e hijo de Cristina Díaz De Vivar madre de García Ramírez, el que luego sería coronado como Restaurador.
No se había inventado todavía la Revoltosa ni el Volatin, ni la bajada del Ángel era conocida, cuando de las entrañas de la normanda Margarita nacería Sancho VI El Sabio, fundándose Donostia y Vitoria –Gasteiz, donde se hace la Ley Vascongada actual, y el Viejo Puerto Navarro de Malmasin en Bilbao, y con El Sabio, la prole.
Si Sancho VII El Fuerte, es él que destaca, no le duelen prendas a Berenguela y Blanca, una tudelana, casada con Ricardo Corazón de León, y la otra, con el Rey de la Champaña.
Teobaldo el trovador cantaría y Catalina de Foie lloraría, las dinastías franconavarras no aguantaron la presión de Aragón y Castilla, y al final en 1512, Tudela sería la última ciudad del Reino, en exigir juramento, al aragonés Fernando el Católico.
Las murallas fueron destruidas, a ojos vista, y en el subsuelo tudelano se reformaron bodegas y casas con la piedra que Cisneros, Villalba y el Virrey Zúñiga mandaron a la deriva.
No será hasta pasados muchos, muchos años después, con la llegada de Joselico Jarauta, en sus coplas de Monteagudo, cuando se explica en un Paloteao, las hermosas bondades de la hermandad vascona.
Si cadenas tuvo y tiene Navarra, por adentro y por afuera, las de la leyenda son nuestras y las de fuera impuestas, siempre se escuchara el Paloteao, de la Navarra insurrecta, de la Ribera patriota, siempre fiel a Catalina y a su consorte, Albret, de nombre Juanito.
En el año 31, del Siglo XX pasado, se juntaron en Lizarra, navarros de ambos lados, y desde entonces sabemos que algunos prefieren, lo que en Madrid les digan, a que los navarros decidan.
Jamás se sentaron las bases de la libertad y los derechos que Miguel Servet promulgaba, jamás se escucharon, ni leyeron, los epítetos de Yehuda Ha Levi, ni las instrucciones de Abraham Ibn Ezra y nunca Benjamín fue estudiado, en su Tierra, en su Pueblo, en Tudela, como él tanto quería y tanto admiraba, murió, como muere en el desierto el agua, o como decía aquel, el charco desaparece, pero la fuente permanece.
Servet buscaba su alma conociendo su sangre, bastardo y perseguido, médico reconocido, por todos odiado y sobre todo por Calvino, aquel tudelano de madre, que murió asado y solo de sus obras se libraron lo que Locke recogió, hasta Rouseau, Diderot, Marat y Robespierre llegó, Francesa o Tudelana Revolución, y más todavía, los Bird Rights o Constitución de los Estados de la Unión, que Tomas Jefferson recogió.
Arco de Triunfo parisino que mantiene, Eliseos los Campos, el nombre de la Leal y Noble Tudela que sufrió y pago con creces tener su nombre esculpido, porque grabado quedo en la memoria, los cinco años de sangrado, ocupación y asedio, que hasta la Mejana de Comunal a Huerto, tuvieron que convertirlo, para adecentar la hacienda del municipio.
Ya repican las campanas de la ermita del cerro de la bárbara, tocan el cuarto de la aurora, llegan el ángelus y las animas, y las lobas, y al Roso lo pillan en la calle de la Aguardentería, de uva que no de brisa.
Ya llevan la caja del mostillo, con el fiambre aparecido en la peñica, y escoltado por las plañideras, se escuchan los murmullos y se huele a muerto, a pobre y a cura, y se sabe que murió, no de filoxera, sino de rabia y de la puta vida, que lleva ser jornalero. La tierra pal que la trabaja.
Se voló la Martinica en aquella noche aciaga de Fiestas y el candil de la Fuente de Los Angelotes salió disparado en pedazos, como metralla asesina, murieron a pares, a impares los tudelanos y llego hasta los ventanales, y desde entonces en la Plaza de Los Fueros, no se celebran fuegos artificiales.
Pasa el Queiles soterrado, pero durante años, en primavera, otoño, en invierno o en verano, este afluente del Iber, de nuestro Ebro, nos dio más guerra que la Presa de Riaño, riada va, riada viene, una o dos al año.
Puente del Ebro, de Torres y molinos harineros y uno de Batán, trescientos sesenta metros y diecisiete agujeros, dos tapados por el tiempo, la tierra y el barro, y los que se tiraron para olvidar el agua, el fuego y su vida.
Puente de peajes, puente moro, puente cristiano, puente de Gladys, de Germán, de Vitoria, de Montejurra, de piedra y madera, y de verde Vergara, como el Soto que Iberdrola arrancará y que costó la vida de la donostiarra, que rabia, que pena, que manda Gimeno con tres y la Izquierda está en Lavapiés.
Si se te encalan los toros en Griseras, no estará Polvora para devolverlos, pero ten muy claro, que si eres tudelana o tudelano, el agua del zahoril es buena hasta moril.









