El jurado del Premio Nacional de traducción decidió otorgar a la traducción al euskera de las obras completas de Santa Teresa. Hasta que alguien se dio cuenta de que las bases del premio dicen que está destinado a la traducción a cualquiera de las lenguas españolas de una obra escrita originalmente en una lengua extranjera. Y como el castellano original no es una lengua extranjera, le han quitado el premio. Es cierto, según las bases. Ahora, ¡qué raras que son estas bases! ¡Qué extraña ideología lingüística encarnan! Una ideología en la que una consideración política o administrativa -qué es extranjero- es más relevante que el hecho lingüístico y que el mérito de la traducción, que son hechos culturales, no políticos. Si traduces del francés al vasco, eres premiable. Del castellano al euskera, no. Por mucho mérito que tenga la traducción. Como si se tradujera entre estados, no entre lenguas. Y en el fondo, una doble sospecha. ¿Por qué premiar traducciones entre lenguas españolas, si todos tenemos la obligación de saber español? ¿Por qué premiar una traducción del español al vasco, si (olvidemos Iparralde) todos los que saben euskera deben saber castellano y lo pueden leer en la lengua original? Deben pensar: no es que no tenga mérito, es que no es necesario.
ARA








