En estos días, en Berlín, se han celebrado unos encuentros sobre la figura de José Antonio de Aguirre, incluso se ha producido un documental sobre este asunto. Siempre resulta interesante estudiar en profundidad el legado de nuestro primer lehendakari, volver a contar su odisea recogida en su De Guernica a Nueva York pasando por Berlín o en sus Diarios. De todo esto, me quedo con dos aspectos positivos: el hecho en sí del acto en Berlín (con las intervenciones de Iñaki Goiogana y otros), y las palabras, como las de Mikel Antón, reivindicando el legado ideológico de Aguirre: humanismo y europeísmo. Sin embargo, se ha perdido la oportunidad de contar la verdadera historia de la odisea: ¿quiénes y cómo sacaron a Aguirre de Berlín? Una pena.
Durante años, habíamos asistido a una minuciosa búsqueda de simpatías o complicidades filonazis por parte de tirios, troyanos y malacitanos. Incluso el mismísimo Leopoldo Barreda, hijo de un conocido franquista, se atrevió a apuntar con el dedo (dando lugar a una respuesta de Iñaki Aguirre, hijo del acusado). La extrema derecha (Durán o Ricardo de la Cierva) hacían piña para dar leña al PNV. La izquierda abertzale, más allá de teorías peregrinas, decretó que a Aguirre no le habían molestado en Berlín porque la Gestapo le consideraba de segundo orden. Y están los de la Academia que siguen buscado algo que enmierde la cosa con terquedad teutónica.
Pero, centrémonos en la cuestión: ¿Quién organizó la fuga de Aguirre? Hay, además de algunos diplomáticos latinomericanos (de la órbita de Estados Unidos: Panamá era una cuasi-colonia) que aparecen en De Guernica Nueva York, tres personas y dos instituciones. Las personas fuero Manu de la Sota y Aburto, Manuel de Ynchausti y Romero y Gregory Thomas. Las instituciones fueron el American Emergency Rescue Comitee y, a partir de un momento determinado, el Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Manu de la Sota es la clave de esta historia. El 25 de junio de 1940 asistió por sugerencia del periodista Jay Allen a una reunión de doscientas personas. Entre otros, están Paul Magan, Varian Fry, Ingrid Warburg o los presidentes de la Universidades de Yale o de The New School. Pensaban en organizar “our Dunkirk” (nuestro Dunkerke) y rescatar una serie de personalidades, intelectuales y artistas (judíos y gentiles) que se encontraban en la Francia ocupada al margen de los cauces diplomáticos americanos. El secretario Cordell Hull tenía especial interés en mantener una escrupulosa neutralidad ante los alemanes. Eso sí, contaron desde el primer momento con el apoyo británico. Nació así el Rescue Emergency Comitee, que envió a Francia a Varian M. Fry, corresponsal de The Living Age que logró rescatar entre otros a la filósofa Hannah Arendt, a Max Ernst, al poeta André Bretón, al catedrático español Alfredo Mendizabal o al pintor Marc Chagall.
Uno de los mayores empeños de Manu Sota en este periodo tuvo que ver con establecer contacto con las responsables vascos que habían quedado en Francia. En este punto, la ayuda del Rescue Emergency Comitee fue importante. Establecidos los contactos, para el traslado de los refugiados Sota contaba con la colaboración de Indalecio Prieto que, desde la JARE, se encargaba de fletar los barcos que evacuaban a los exiliados en Francia. La relación entre Prieto y Sota fue muy intensa en los años 1940 y 1941.
Gregory Thomas era un empresario de Brooklyn, amigo personal de Manu Sota, con quien había coincidido en Cambrigde (y seguramente en la Universidad de Salamanca). El avance nazi por Europa hizo que muchos judíos cruzasen el Atlántico en busca de tierras más seguras. Entre otros, se encontraban Pierre y Paul Wertheimer y sus familias. Los Wertheimer eran propietarios de la Societé des Perfumes Chanel. Instalados en Nueva York, sacaron un nuevo perfume, Courage, de la marca Burjois. Las ventas de Courage iban en aumento y pensaron en comenzar la producción de Chanel nº5 en una planta que tenían en New Jersey. Gregory Thomas se convirtió en vicepresidente de Borjois. Hablaba sin dificultad cinco idiomas. Físicamente era una especie de gigante que medía casi dos metros.
Cuando el Enorme Gregory, como le llamaban los vascos, preparaba el viaje a Francia para recuperar la fórmula del Chanel nº5, buscó un nombre que le garantizase el anonimato y algunos contactos en Francia y recurrió a Manu, quien le sugirió el de Armando de Guevara y Sotomayor. Y con este nombre cruzó la frontera por Hendaia y logró recuperar la fórmula y las esencias del famosísimo perfume. Realizó algunas misiones más para los Wertheimer, como el rescate de uno de los hijos de la familia que se hallaba oculto en Burdeos.
Manu, que necesitaba mantener contactos con la Francia ocupada, contó con la ayuda de su amigo y este con la ayuda de los vascos en sus peligrosas misiones. Por lo que se refiere al perfume, se dice que Coco Chanel, una decidida pro-nazi, agarró un enfado monumental. Al mismo tiempo, ante las dificultades que el Rescue Emergency Comitee se encontraba con los pasadores vinculados a la CNT que habían utilizado en un principio, acabaron recurriendo a los vascos.
Gregory Thomas ingresó en la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) en 1942 y fue uno de los principales interlocutores (y valedores) del lehendakari José Antonio Aguirre y del Servicio Vasco de Información tanto en Estados Unidos como en Madrid (donde llegó como responsable de la oficina de la OSS en 1943). El Enorme Gregory fue quien dio cobertura al lehendakari en la gira que hizo en 1942. Asimismo, facilitó los viajes (en avión, algo excepcional en aquella época) de dirigentes como Basaldúa, Lasarte o Monzón (este último, además de su condición de consejero de Gobernación, fue el responsable del Servicio vasco de Información en México).
Aguirre, a diferencia de los que estaban en la Francia de Vichy, no podía seguir las rutas de evacuación habituales: Marsella-Casablanca-Dakar-Martinica o Marsella-Lisboa y, desde allí, por vía aérea a EE.UU. En la Francia ocupada y en la de Vichy actuaba, además de la Gestapo y de la Gendarmería francesa, la policía española. En Bélgica, además, de la Gestapo, actuaban los colaboracionistas. Por otro lado, el colegio de Jesuitas en el que estaba oculto no era seguro. No solo por el acecho de la Gestapo, sino porque en la Compañía de Jesús predominaban los sentimientos franquistas. Aún así, contribuyeron a dar al lehendakari una nueva identidad. Un ex jesuita alavés, Eduardo González de Mendoza, hizo la gestión para convertir a José Antonio Aguirre Lekube en José Andrés Álvarez Lastra.
Había que actuar con la ayuda del Gobierno americano pero sin relacionarse con el Departamento de Estado, que no quería verse implicado en este tipo de operaciones. Por otro lado, se necesitaba mucho dinero para financiar la operación de Aguirre y la de otros dirigentes vascos. Manu envió a su sobrino Ramón de la Sota McMahon a una gira por EE.UU. para recoger fondos (entre vascos y no vascos). Se hicieron colectas similares en otros países con desigual éxito: destacaron Francisco de Belausteguigoitia en México, y Marino Gamboa y Manuel de Ynchausti en Nueva York. Sobre todo, este último.
El papel de Manuel de Ynchausti fue doble. Por un lado, mantenía buenas relaciones con el entorno más cercano de Roosevelt, que acababa de crear un comité Asesor para la Emigración de Refugiados Políticos que mantenía estrecha vinculación con el Comité de Emergencias, al que sustituye debido a los problemas surgidos con los alemanes y el Gobierno de Vichy, que detuvieron a Jay Allen y a Varian Fry. Por otro, desde el punto de vista económico. Se seleccionaron gobiernos cuyas vinculaciones con Estados Unidos fuesen más fuertes que sus simpatías nazis y se compraron silencios y discreciones. No es de extrañar que uno de las primeras reuniones de Aguirre al llegar fuese con el representante del Comité de Emergencias. Pero, además, el presidente vasco mantuvo relaciones con algunos rescatados como el pintor Mac Chagall.
Desgraciadamente, esta historia, jamás contada hasta ahora, ha quedado al margen de tanto fasto.
DEIA









