Comparto plenamente la evaluación que hace el consejero de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, de diversas instituciones del Estado español, en las que ve «secuelas de la enfermedad política» que fue el franquismo. Romeva alude a las políticas llevadas a cabo por otros estados europeos con cultura democrática para difundir su memoria histórica y las contrasta con las políticas españolas destinadas precisamente a conseguir justo lo contrario, es decir, la desmemoria.
El juicio de Nuremberg fue loable, eso es obvio, pero también lo es que se quedó muy corto en relación con la magnitud de lo que significó el nazismo. Pero es que el franquismo y sus crímenes contra la humanidad no sólo no han tenido ningún Nuremberg, sino que no han tenido tampoco ningún tipo de juicio. Ninguno. Y fruto de ello, fruto de esta operación anestésica que comienza con la muerte de Franco, nos encontramos que son varias las instituciones del Estado empapadas de franquismo y que todavía hay franquistas que, sustituyendo la camisa azul por la camisa blanca, siguen moviendo los hilos del Estado español.
Este estado de cosas ha permitido que siniestros personajes, como Manuel Fraga Iribarne o Rodolfo Martín Villa, no fueran llevados ante un Tribunal Penal Internacional o que España -con gobiernos del PP y del PSOE, indistintament-, continúe negándose a pedir perdón a Cataluña por el fusilamiento del presidente Companys o reabrir el caso Puig Antich. Nótese que es la justicia argentina quien está investigando varios crímenes del franquismo y que quiere interrogar a los exministros Martín Villa y José Utrera Molina, que España protege.
Llegados aquí, resulta vergonzoso que el Ayuntamiento de Tortosa se niegue a retirar el monumento franquista de aquella ciudad y que, a fin de quedar bien con los fascistas, pretenda lavarse las manos y abrigarse con capa ajena cargando el muerto a la ciudadanía por medio de una consulta. Es repugnante. No me puedo imaginar algo así en Alemania con un monumento nazi. ¿Acaso el alcalde, el señor Ferran Bel, tiene miedo de perder votos? ¿Tantos votos fascistas hay en Tortosa? ¿Significa esto que gobierna gracias a los votos de esta gente? Y si fuera así, ¿no tiene escrúpulos de conciencia, o sencillamente es cobardía? Dios mío, qué vergüenza, la pretensión de hacer una consulta para pedir permiso para retirar un monumento que ensalza los crímenes contra la humanidad, no sea que los amigos de los criminales se ofendieran. ¡A qué extremos de indignidad hemos llegado! Actitudes como ésta explican por qué el franquismo no ha tenido su Nuremberg. Esperamos que el señor Bel rectifique, o que algunas personas cercanas, con cinco dedos de frente, le hagan rectificar. La democracia debe ser un instrumento al servicio de los derechos humanos, no un subterfugio para legitimar a sus violadores.
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