Amaiur, 1522

la respuesta del señor Esarte me resulta, cuando menos, confusa. Admite su error al cuantificar los efectivos del ejército que conquistó el castillo de Amaiur. Por otro lado, asegura que los navarros no participaron en él, pero a la vez afirma que lo hicieron obligados y no fueron combatientes. No, pero sí. También su negativa a reconocer, contra toda evidencia documental, que en la conquista de Navarra la postura de los navarros estuvo mediatizada por la existencia de dos bandos nobiliarios enfrentados.

Las milicias navarras

Los documentos del Archivo Real y General de Navarra (Fondo Rena) y de Archivo General de Simancas (Fondo Contaduría del Sueldo) que acreditan el pago a las milicias navarras son tan precisos que permiten evaluar el número de soldados. En ellos figura cuántos eran, el día en que salieron de sus valles, quién era su capitán, cuántos días sirvieron y cuánto cobraron. Sabemos así, que la mayoría de ellos salieron de sus casas el 5 y 6 de julio. Pasaron revista de sus efectivos hombre a hombre (alarde) ante los pagadores castellanos el 21 de julio, es decir, dos días después de la toma del castillo, donde recibieron un adelanto de la paga para poder costearse su sustento. Finalmente, el día 25 las milicias navarras fueron licenciadas.

La precisa contabilidad castellana acredita todo ello con rigor contable. Un ejemplo lo tenemos en el expediente de pago a las milicias de los valles de Guesálaz, Yerri y villa de Mendigorría, que capitaneó el señor de Sarria. Gracias a la excelente labor de organización llevada a cabo por mis compañeros del AGN, puede consultarse en Archivo Abierto introduciendo en el buscador del fondo Rena las palabras Sarria y Amaiur. Como en este caso la letra cortesana castellana de la época es muy complicada de leer, permítaseme que extracte la información. Salieron de sus casas el 5 de julio y en el citado alarde resultaron ser 149 hombres, cuyos nombres se recogen en el poder notarial. Retribuidos a 28 maravedís por día y descontados los tres a que estaban obligados por el fuero a servir a su costa, los 18 días de servicio se les pagaron con 78.020 maravedíes, incluido el sueldo del capitán (2.923). Descontados los 48.232 que recibieron de adelanto, el recibo firmado de su puño y letra un año después reza así: “Conozco yo, Francés de Lodosa, señor de Sarria, que recibí del señor micer Juan Rena los 29.788 maravedís de esta otra parte contenidos que yo hube de haber por mí y en nombre de la gente que llevé a mi cargo en la jornada de la toma de Maya por virtud de los poderes que de ellos tengo. Y porque es verdad, firme esta de mi nombre en Pamplona a 23 de agosto de 1523 años. Francés de Lodosa”. Documentos similares tenemos para el resto de tropas navarras. Por si fuera poco, en Simancas se encuentran las relaciones, uno a uno, de todos los milicianos de esas milicias y de las de Goñi, Valdorba, Valdizarbe, Egüés, Etxauri, Roncal, Sakana y Tierra de Sangüesa.

Es cierto que, como yo mismo expongo extensamente en mi obra, muchos de ellos debieron participar contra su voluntad. ¿Cuántos? No lo sabemos. También parece ser cierto, a la vista de las bajas y heridos causados y de ciertos procesos judiciales, que el asalto a la fortaleza fue llevado a cabo por las tropas profesionales españolas y, en especial, por los 40 artilleros que sirvieron la batería. Los navarros debieron limitarse a cerrar el asedio, impidiendo la llegada de cualquier socorro a los sitiados.

No quiero extenderme más en este tema. A quien esté interesado, remito al análisis y referencias documentales que incluyo en mi obra De Noáin a Amaiur (Pamiela, 2010).

Las parcialidades

Respecto a la existencia de bandos, creo que la postura del señor Esarte es igualmente indefendible. La carta en la que el notario Agerre destaca la presencia de navarros beamonteses y agramonteses en el ejército del virrey es difícil de rebatir. Se trata del original firmado de su mano y escrito en una clara letra humanística, típica de la Navarra de la época. Para acceder a su copia digital, basta con introducir Aguerre en el buscador del Fondo Rena (Archivo Abierto).

No obstante, si el señor Esarte no da crédito al notario legitimista, tal vez lo haga al mismo rey Juan III de Labrit. Éste se refiere a las parcialidades navarras cuando a principios de 1515, estando exiliado en Bearne, explicaba en castellano a su canciller el inicio de conversaciones con Francés de Beaumont: “Como sabéis, siempre habemos procurado lo más que nos ha sido posible de ganar las voluntades de los navarros, especialmente de los beamonteses, pues la de los otros, teniendo acá al Mariscal y a los otros caballeros que están en nuestro servicio, las tenemos permanente”. El documento original está en el Archivo de Pau (Legajo E-556).

Así, pues, la cuestión no radica ya en si existieron o no bandos o parcialidades nobiliarias con actitudes diferentes y cambiantes ante el invasor. Tampoco si tropas navarras participaron o no en la toma de Amaiur. Ambas cuestiones están suficientemente acreditadas y los historiadores navarros no debemos ocultarlo. La cuestión es saber si esas parcialidades tenían unos postulados que hoy llamaríamos políticos y conocer en medio de qué condicionantes ideológicos, materiales y de coyuntura internacional se tuvieron que desenvolver para poder así entender y explicar esos comportamientos.

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