Se decía en DIARIO DE NOTICIAS hace unos días que la memoria histórica es necesaria para que un pueblo conserve su identidad. Me pregunto: ¿Conocemos mejor la Historia de España que la del Reino de Navarra? Hoy quiero contribuir, para conservar esa memoria de Navarra, aportando algunos testimonios del siglo XVII sobre nuestra lengua. En 1645 M. Itúrbide afirmaba: “La lengua matriz de este reino desde la ciudad de Tafalla hacia los Pirineos, y en particular en esta ciudad de Pamplona, es la vascónica o vascongada, la gente ordinaria no habla otra”. La Iglesia, al predicar su mensaje de salvación, se vio obligada a usar la lengua del pueblo. Era necesario que los vicarios de las cuatro parroquias de Pamplona fueran euskaldunes (curioso para los católicos actuales, que los vicarios de estas parroquias eran elegidos por los parroquianos). Según Juan de Arregui, vicario de San Saturnino: “La lengua vasca es la natural y materna de esta ciudad”. A esa parroquia acudían doble de feligreses cuando el sermón era en la lengua nativa, que cuando se predicaba en romance. En numerosos procesos como en uno de 1645, los testigos se reconocían “meramente vascongados que no entendían ni hablaban más que el idioma vasco”. En 1645 Esteban de Subiza, procurador de las Audiencias Reales, afirmaba: “En Pamplona hay más personas que hablan la lengua vasca que la castellana”. Muy numerosos podrían ser los testimonios de la época en este sentido. ¿Dónde se aprendía la lengua? No en la escuela, estaba prohibida, sino en la familia y en la calle. Juan de Beriain, abad de Uterga en 1621, valorando el euskera, afirmaba: “No ha habido nación en todo el mundo que no haya apreciado la lengua natural de su patria”. ¿Qué diría hoy?
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