Se ha exigido un respeto que ellos no tienen. El mismo día del partido el Gobierno ha pedido sanciones a la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, La Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte ¡ahí es nada! y ¿dónde encaja esto?, me pregunto. Se han anunciado nuevas represivas leyes para sancionar lo que en definitiva, y según sentencia de la Audiencia Nacional, es libertad de expresión. Parece ser que el mayor problema que tiene hoy el Estado español es una sonora pitada contra el rey de los españoles, al himno o a ambos.
Esto me trae a la memoria un hecho ocurrido hace ahora un año, el cual presencié en directo a través de la televisión. En Leire se realizaba el homenaje a los reyes de Navarra y se entregaba el Premio Príncipe de Viana de la cultura y allí estaba todo el régimen; todos los que habían aprobado la Ley de Símbolos para perseguir la ikurriña y alguno más. Paradojas del destino, el acto estaba presidido precisamente por quien encarna a quien acabó violentamente con este reino, el entonces todavía Príncipe de Asturias aunque inminente rey de los españoles. Felipe de Borbón hizo un discurso rancio, sin ningún rigor histórico, lleno de topicazos, muy al gusto de la Navarra forestal y española que representa UPN.
Como último acto de este acontecimiento, la Coral Nora de Sanguesa interpretó el himno de las Cortes de Navarra, declarado himno oficial de esta nuestra comunidad y aquello fue el cornetín de rompan filas. Nada más comenzar las primeras estrofas, todos, comenzando por el Borbón y seguido por la Barcina, consejeros, líderes del régimen e invitados varios, iniciaron una desbandada, sin ningún respeto al himno que se estaba interpretando. ¡Hala, todos al ágape, que es a costa del presupuesto!
No me sorprendió en absoluto este comportamiento por aquellas gentes, que descubrieron la bandera de Navarra cuando alguien exhibió una ikurriña como la que ondea normalmente en cualquier ayuntamiento de Iparralde; que hace caso omiso y hasta recurre los acuerdos del Parlamento; que persigue las señas de identidad propias de esta tierra y que luego acusa a quienes las defiende de querer acabar con nuestras raíces. En fin ¿qué le vamos a hacer?, son así.
Bueno majos, este año, que parece ser el último de vuestro mandato, a ver como os portáis. Decidle al Borbón que si exige respeto a su himno, en nuestra tierra corresponda, y vosotros predicar con el ejemplo.
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