Con Grecia se decide la Europa que tendremos

Hay un falso relato interesado respecto del rescate griego y de su posible modificación y extensión que lo convierte en un asunto que afecta exclusivamente a Grecia. Nada más lejos; en las actuales negociaciones entre el gobierno de Syriza y el eurogrupo se está decidiendo la Europa que tendremos en el futuro cercano; si se mantiene el paraíso de los acreedores/infierno de los deudores, que además de injusto se ha demostrado absolutamente ineficaz, o si Europa ha aprendido de sus errores y se propone enmendarlos.

El primer paso para hacer este cambio pide reconocer que la política de austeridad impuesta a los países rescatados, total o parcial como en el caso de España, ha sido tan injusta e ineficaz como sostenemos. De hecho, la actual política monetaria de Draghi y el plan de inversiones Junker son en sí mismas la constatación de que la disciplina Merkel nos ha llevado a un callejón sin salida: deflación, desempleo y pobreza colosales, desigualdad extrema, euroescepticismo, falta de cohesión social… ¿Se necesitan más datos? Si uno se pregunta por qué los EEUU salieron mucho antes de la crisis y hoy tienen menos de la mitad de paro, la respuesta de fondo está en una serie de medidas tomadas con la lógica del deudor, mientras que Europa ha privilegiado la del acreedor. Y la conclusión, la que avanzaba Keynes hace cerca de un siglo: si se ahoga al deudor, se arrastra con él el acreedor; si el deudor levanta la cabeza, también el acreedor saldrá ganando.

Y este es el dilema europeo que se debate hoy con Grecia: seguir ahogando al deudor, supuestamente el culpable de su situación, y con ello terminar ahogando toda Europa, con síntomas que hoy sufren economías tan supuestamente sanas como la finlandesa, o por el contrario cambiar de una vez esta ilógica y buscar una solución que, conveniendo a Grecia, convenga a la vez a toda Europa. Una solución como la que Varoufakis, economista experto en el tema mucho antes y mucho más que ministro griego, ha puesto sobre la mesa: renegociación de la deuda y pago de intereses ligado al crecimiento económico entre otros.

No olvidemos, de paso, que España sobrevive hoy gracias a una política monetaria muy paradójica: la deflación que causa y agrava el alto desempleo y la anémica actividad económica europea, por un lado hace crecer el importe de su deuda colosal y, por otro, obliga a unos tipos de interés muy bajos que facilitan hacerle frente. Pero en cuanto desaparezca el espantajo de la deflación y los tipos de interés remonten, ¿podrá hacer frente España al pago de la deuda?

La posición española ante el asunto griego no deja de ser de una miopía gigantesca. Reclama el retorno del dinero que ella le ha prestado, a un interés muy por encima de lo que ella misma ha pagado y con los que por tanto ha hecho unos buenos beneficios, en vez de poner sobre la mesa de negociación su propia deuda; en buena parte tan ilegítimo como el de Grecia. Una deuda que en modo alguno se habría generado sin el euro, ni se habría multiplicado sin las políticas de austeridad.

En el Parlamento europeo, el grupo Verdes/Ale y las izquierdas han defendido una conferencia global sobre la deuda periférica y un «new deal» como mejor salida, sino la única. Al contrario, el Consejo de Estados y el Eurogrupo siguen defendiendo la disciplina merkeliana y un plan de inversiones que de hecho será un paso más en el proceso de privatización global, dado que se piden proyectos públicos para inversiones privadas. La disparidad es, pues, absoluta. Y lo que es más sorprendente: con la socialdemocracia dando su apoyo total a la derecha neoliberal.

Cierto, Grecia también tiene mucho trabajo que hacer para sacar su economía del pozo y en ningún caso puede ella sola dar la vuelta a las políticas europeas y decretar una expansión de gasto público que no puede pagar; porque Europa no le deja dinero y porque su propio dinero huye a diario, y, sobre todo, porque no hay soluciones individuales dentro de un colectivo como la unión europea. Ni Hollande ni Renzi han podido aplicarlas, a pesar de su tamaño.

¿Entonces salir del euro, como ya recomiendan para Grecia algunos grupos de opinión alemanes? Quién sabe, tal vez para Grecia terminaría siendo mejor que permanecer dentro; pero seguro que sería un descomunal fracaso europeo. Y si se hace fuera el último de la clase, ¿quién sería el siguiente en salir?

O Europa sabe gestionar y reducir las disparidades de los pueblos que la conforman o no será. Asimismo, gestionar las disparidades será imposible si Europa no es; es decir, si no avanza en su unión política y deja de contar los parados griegos y/o españoles para pasar a contar los parados europeos y a preocuparse de que no los haya.

Así pues, las negociaciones de estos días tienen a Grecia como pretexto y a toda Europa como tema principal. Si se elige la humillación del deudor, el proyecto europeo claudica.

VILAWEB