Por un beso de la flaca…

a.-

Cuenta Matthias Stolz en  “Die Zeit magazin” que su abuelo fue panadero y aunque no le conoció sí se ha colado un par de veces en la panadería del actual sucesor. Visita a diario alguna panadería, a poder ser antes del desayuno o, cuando menos,  camino del trabajo. Le atrae y embauca el olor a pan tierno, a pan fresco, recién cocido, esos panes tostados, dorados, del escaparate. Y respira enamorado ya en la fila, observando al panadero con su barriga, gorro y delantal, su destreza y manejo amasando el pan, su ensimismamiento al observar su tarea tras el cristal empañado del escaparate. Dice: “Me emociono cuando visito a un panadero desconocido por indicación de un amigo, y me pregunto en el dintel a qué sabrá su pan de centeno, de espelta, de avena, su pan candeal… Los panaderos tienen un algo de exclusivo y propio. Algo distinto”. Y exclama: “¡Qué mejor que un desayuno con periódico del día y pan fresco!

Matthias Stolz teme la desaparición de los panaderos artesanos y los periódicos, porque ese día  su desayuno ya no será como antes

b.-

Ayer, martes, 25 de noviembre de 2014, se reivindicó por las calles de Bilbao el “Día de la Eliminación de la Violencia contra la mujer”. Acababa de llegar de París. Jueves y viernes asistí con otros 30 a un juicio contra cuatro vascos en un tribunal francés. Los juicios en París contra vascos consisten en todo un día o dos oyendo leer a un juez entre dientes un pilón de hojas, que deben recoger un largo historial delictivo, unos jóvenes en una pecera con media docena de gendarmes franceses a diestra y siniestra, un fiscal de pocas palabras reclamando condenas de años y un abogado o abogada, que suda defendiendo allí, a 800 kilómetros, derechos de un pueblo de aquí: la libertad del pueblo vasco. En los bancos, sentados y en silencio, familiares, padres, maridos, esposas, hijos, amigos, alcaldes… con un beso, un abrazo, tensos, dolientes, con un bocata y cansados por un largo viaje de 800 kilómetros de ida y los mismos de vuelta .

Jarabe De Palo canta desde años  la bella canción  “La Flaca”

En la vida conocí mujer 
igual a la flaca. 
Coral negro de La Habana 
tremendísima mulata.

Cien libras de piel y hueso 
40 kilos de salsa 
y en la cara dos soles 
que sin palabras hablan. 
que sin palabras hablan. 
…
Por un beso de la flaca 
daría lo que fuera 
por un beso de ella 
aunque sólo uno fuera,

aunque sólo uno fuera, 
aunque sólo uno fuera…

…

Eider Uruburu es una bella mujer bilbaina de treinta y pico años, enamorada, risueña, alegre, ¡un tesoro de mujer!, que ha conocido las duras cárceles francesas. Cumplió su pena y estaba libre. Bueno, cumplió… Tras algunos años en prisión le condenaron también a no pisar territorio francés. Y Eider se enamoró y se casó con un joven,  Alex, que hoy está preso y el jueves le juzgaban en París. Y por un beso de enamorada viajó hasta el tribunal y estampó un sonoro beso y un abrazo a su marido tras el juicio, con permiso del juez y con el billete de vuelta para el mismo día en su bolsillo. Fue a darle un beso a su hombre, a Alex, y no a quedarse en París. Y París, sus leyes, su justicia y sus gendarmes han condenado a Eider a 8 meses de cárcel por un beso de mujer enamorada al pisar terreno vedado.

c.-

Dice Matthias Stolz que para él es distinto y resulta extraño un desayuno sin pan fresco y periódico del día. Entre nosotros, en Euskal Herria, al amanecer, ya antes del desayuno, pensamos desde años en esa silla vacía a nuestra vera, en ese hueco en nuestra vida, en Eider, en Alex, en Andoni, en Maite… encerrados en jaulas de opresión y venganza, claro exponente de una justicia destinada a rebajar los derechos humanos de las personas, a humillar al detenido, a castigar el amor, la ternura, el abrazo de hijo o esposa y los anhelos de pueblo libre… Lo que llaman reinserción en la sociedad es, en su boca y en su proceder, tan sólo delación, dominación, un ¡hemos vencido!, las más de las veces venganza descarnada.

Recuerdo aquel día en que tomando un vino en la tasca con un amigo, Eseki, por un trago de más y una discusión de ida y vuelta fue él detenido por la ertzaintza y llevado a comisaría. En la comisaría le pusieron desnudaron para humillarle y reírse de él. Luego, a las pocas horas, le ordenaron vertirse y marcharse. Y él, desnudo, con su ropa al hombro intentó abandonar la comisaría. Ellos le obligaron y vistieron a la fuerza, y él fuera, a los pocos pasos, se desvistió de nuevo y en pelotas volvió a casa mostrando a la gente y a los viandantes el proceder de la ertzaintza.

Porque una cosa es lo que dicen y otra, bastante o muy diferente, lo que hacen. Viene a ser como las fotografías: unas son las tuyas y otras las que ellos de ti mandan a la prensa.  No son gente de fiar. Y, por supuesto, Eider, estos no saben lo que es el pan tierno en el desayuno, la silla vacía en el corro, ni un beso de la flaca, aunque sólo uno fuera, aunque sólo una fuera.

Un beso.