El proceso hacia la independencia de Cataluña ha despertado interés en todo el mundo por diversas razones, pero sobre todo por dos: la primera, por la fuerza que ha adquirido en los últimos años; la segunda, por su civismo. España se niega a aceptar esa realidad y atribuye las circunstancias a una mera estrategia de los líderes políticos catalanes, que pretenderían esconder problemas como el paro o los recortes de los servicios sociales. Sin embargo no es así. La fuerza de la Vía Catalana reside en la sociedad. Es ésta, no su clase política, quien lidera el movimiento de transición nacional y quien marca la agenda del proceso a seguir. Y lo más importante, lo que está llamado a ser un referente internacional, son las formas de este proceso, unas formas basadas en principios radicalmente pacíficos y democráticos.
¿Conseguirá Cataluña ser un Estado independiente? ¿Qué ocurrirá con el resto de los Países Catalanes? ¿Qué incidencia tendrán estos acontecimientos en el futuro político de Euskal Herria? ¿Aceptará España la decisión de los pueblos catalán y vasco? ¿Acepta España, como principio, que Cataluña y Euskal Herria son naciones de Europa?
Este mismo año 2014, en torno a la fecha del referéndum catalán, Bruselas deberá abandonar su indolencia y asumir que la Unión Europea, la auténtica, jamás será posible sin la plena libertad de todos los pueblos que la integran. Estamos, pues, ante una confrontación entre dos civilizaciones radicalmente distintas: la catalana -democrática- y la española -absolutista. No es, por tanto, una confrontación entre Cataluña y España, es una confrontación entre democracia i absolutismo.
(Síntesis de las conferencias que Víctor Alexandre impartirá en Usurbil, Azpeitia e Iruñea los días 26, 27 y 28 de marzo de 2014. Foro Joan Coromines, impulsado por Nabarralde, Usurbilgo Nafartarrak y Azpeitiarron Nafar Zuzterrak)









