La versión de cualquier acontecimiento histórico ha sido determinante en sus consecuencias sociopolíticas. Y esto, hasta tal punto, que más relevancia que el hecho en sí, tiene su relato.
Probablemente, en la formación de la nación helénica tan crucial como la destreza estratégica y logística desarrollada por los helenos en las guerras médicas, fue el relato patriótico que se tejió en contra del invasor persa.
Bien de cerca nos queda por poner un ejemplo más, lo que torticeramente se denominó colonización americana. Algo, que hoy sin lugar a dudas, denominaríamos, invasión conquista y más certeramente si cabe, genocidio.
No podemos olvidar, que en nuestra tierna infancia, se nos hizo vibrar con las hazañas de aquellos “héroes”. Héroes a los que no se les exigía más formación que la propia de un porquerizo sin poner en tela de juicio la dignidad de tal trabajo-. Cierto que por sus “hazañas”, tales personajes, hoy serían considerados como terroristas, truhanes, saqueadores… En el mejor de los casos unos crueles pillastres y bucaneros…
La obsesión por controlar el relato de los acontecimientos, hoy día es evidente.
Tal vital como el uso de la fuerza, es la supremacía de las multinacionales de la información.
Los gestores de los conflictos, son habitualmente agentes externos –EEUU, EU, Rusia,…- a los países en los que se generan, Venezuela, Ucrania, Siria… Saben perfectamente, que hoy día las batallas se ganan en la medida en que se difunda y se conduzca el relato de los hechos.
La repercusión mediática de como se cuenta, de lo que se oculta y de lo que se manipulan los hechos, dependiendo de los intereses de cada agente, suele ser definitiva. Tanto, que por si mismo, del potencial mediático del relato, puede depender el resultado de las contiendas sociales.
Hace unos días, sin el menor pudor lo proclamaba el ministro español de la porra, que alguien apodaba “cristofascista”. Somos nosotros –decía- quienes hemos de construir el relato de las víctimas…
Esa misma obsesión se percibe en una de las propuestas de Ley de Educación –la LOMCE- más retrógradas en tierra de carpetovetones. Porque nadie ignora y mucho menos el señor Wert, que para imponer la España única, es imprescindible un relato único y manipulado -él del vencedor-, de la Historia de España (de la misma forma que, como ya decía Nebrija, era ineludible la imposición del castellano.)
Pues hoy mismo, sin ir más lejos, los dueños del parlamento español, acaban de proponer la construcción del “relato de la verdad”, sobre las víctimas.
Esto me impulsa a calificar de sinvergüenzas y farsantes a los autores de tal propuesta. En principio por dos razones: 1ª, por haber ocultado tan cínica como criminalmente el relato de los asesinatos del franquismo, del BVE, de los GAL…de la tortura. 2ª, por erigirse en indecentes poseedores de la verdad.
Los vascos tenemos clarísimo, que los actuales burdos ataques a nuestro sistema educativo van en este sentido. Porque es meridiano que como ciudadanos ¿libres…?, hijos de un ámbito y patrimonio cultural heredados de nuestros antepasados, el derecho a nuestro relato, es irrenunciable.
Los españoles deben de saber, que sólo con la violencia de sus armas podrán impedirnos ejercer este derecho. Que en definitiva es lo que siempre han hecho. Ahí esta la historia, al menos la nuestra.
Podrán llamarnos de todo desde sus parlamentos –como lo hace Carlos Salvador insultándonos como un hitleriano a los navarros que nos sentimos vascos- y desde sus enormes cavernas y poderes mediáticos. Incluso decir cosas tan estrambóticas como que en Nabarra los abertzales queremos construir Gulags… O incluso acusarnos de no se qué crímenes.. ¡Desgraciados…¡ Justo en la tierra en que el carnicero Mola y su derechona asesinaron a 3.500 navarros, los más humildes -¡Ay dulce Maravillas!- y honrados de esta tierra.
Y por favor que se olviden de pedir perdón y de paso de nosotros. Pero que nos dejen en paz.
¿Hay algún hijo de UPN que haya osado construir el relato de estos hechos? Me pregunto…
Pues eso. Que no hacen falta más argumentos. Que upeneros, peperos, amiguetes de la Rosa y conmilitones aledaños hagan su relato. Pero si alguna vez optan por una democracia “de verdad”, que nos dejen a todos los vascos hacer nuestro relato.
Y que por favor, eso sí… que no vengan ni con amenazas, ni tanques a decirnos a los navarros, no sólo como queremos construir nuestra historia, sino como queremos narrarla.
¿Pero quien pretende ser esta gentuza para tratarnos de decir como hemos de hacer y contar las cosas? ¿De donde sale semejante calaña?








