Es razonable pensar que parezca llegado el fin de U.P.N.. Considerar, no obstante, que esta comunidad foral, designada oficialmente como Navarra (C.F.N.), inicia una nueva etapa… parece difícil de aceptar. Cuando se afirma que …»Navarra es cuestión de Estado…», se está reconociendo explícitamente que en ella se apoya la estrategia de España, dirigida a impedir que el proyecto soberanista de Navarra como Estado y Nación pueda confirmarse en un corto o medio plazo. Lo entendieron así quienes diseñaron el Estado postfranquista y contaron al efecto con el apoyo de los poderes fácticos a los que el mismo Franco encomendó el cumplimiento de sus disposiciones testamentarias. La trayectoria seguida por esta Comunidad autónoma desde la desaparición del Generalísimo, la C.F.N. -que no es otra cosa, por más que se recubra de floripondios foraleros- evidencia la decisión manifiesta de las organizaciones de la sociedad española, en general, y del conjunto del sistema institucional español, por impedir que tenga lugar el reagrupamiento de los territorios que constituyeron el Estado de Navarra; Estado que en el aspecto de los legalismos formales ha perdurado hasta la mitad del siglo XIX. En definitiva únicamente se modificó este status legal con la ley de 16 de Agosto de 1841 y los propios redactores de la Constitución gaditana, por no referirnos a los juristas e historiadores navarros, se vieron obligados a reconocer la entidad constitucional de Navarra, diferenciada del resto de la Corona española.
El fracaso del planteamiento, que sus gestores han tenido la osadía de denominar navarrista, es paralelo al sufrido por el intento de transformación de la vieja Dictadura española en una monarquía parlamentaria. Ha sido la propuesta de los sectores sociales que soñaban con un Estado español fuerte y autoritario, que se pretendió vestir con la nueva tela del Estado de las autonomías, al objeto de calmar las aspiraciones de libertad existente en las Naciones Navarra, Catalana y… otras. Era la propuesta de las viejas élites corruptas y de los arribistas que buscaban imitarles. Por lo que respecta a la C.F.N. la propuesta navarrista planteó la reafirmación de la vieja oligarquía, renovada por el oportunismo de todos cuantos calcularon que el triunfo correspondería a esta opción. Han sido varios decenios de marginamiento de los soberanistas, perseguido por España como garantía para impedir la consolidación de la independencia de nuestra Nación Navarra, en la convicción de los propios españoles de ser la soberanista la única opción consecuente en la reclamación de una Navarra libre, no sujeta a los intereses del Imperio español. Los españoles y las fuerzas impulsoras del «Amejoramiento», U.P.N. y P.S.N., han tenido la desvergüenza de proclamar su propósito de marginamiento de los soberanistas, propósito ratificado por tribunales y conjunto institucional español. Autoritarismo, caciquismo, nepotismo y corrupción como señas de identidad han presidido la escena política de la C.F.N. de modo permanente. Los escandalosos casos de corrupción no han tenido consecuencias, sino cuando han interferido en ellos los intereses partidistas; pero normalmente han encontrado el apoyo de las instancias judiciales, más allá de las actuaciones bienintencionadas de algunos profesionales de la justicia finalmente rebasados por el sistema. Todo «peccata minuta», ante el riesgo de que la crisis posibilitara el acceso de los soberanistas a la administración.
Tal vez no sea exagerado afirmar que nunca la administración de la C.F.N. ha funcionado con la arbitrariedad y corrupción actuales; ni tan siquiera en los tiempos del Dictador, que, todo hay que decirlo, sigue siendo el referente de las actuales élites políticas de esta provincia española. Siguen existiendo quienes defienden una solución que se limite al cambio de gestores en el marco institucional de la administración foral en general. Se resisten estos sectores a reconocer la vinculación existente entre autoritarismo y corrupción con el marco jurídico vigente y contemplan soluciones que pasan por la constitución de un frente democrático, con la mirada puesta en el agrupamiento de soberanistas y sectores políticos de tradición democrática; polo este que se supone debe enfrentarse y desplazar a la derecha de U.P.N. y en su caso del P.P.; al mismo tiempo trabajaría en el llenado de los déficits democráticos del actual sistema.
Quienes contemplan la C.F.N. con esta perspectiva, parecen no entender que el conflicto fundamental que afecta a esta comunidad es de índole nacional; en definitiva la razón que llevó al P.S.N. del corrupto Urralburu y del intrigante Arbeloa a aceptar las indicaciones de los militares franquistas, a quienes aleccionaba el cacique Aizpun sobre las nefastas consecuencias que representaba para España la constitución de una comunidad autónoma que incluyese el conjunto de los territorios navarros, en una evocación de la 2ª República española. Esta perspectiva estructura hoy en día el proyecto de España, propugnado por el conjunto de las fuerzas políticas y sociales que se adhieren al mismo; en el caso de la filofascista derecha española con los ribetes de histeria que acostumbran a utilizar los medios informativos de sede madrileña; en el de la autoconsiderada izquierda española, mediante el cuestionamiento de la capacidad liberadora de la reivindicación soberanista, a la que acusa de corta de miras, aunque con esta crítica se pretende ocultar el propio nacionalismo, nunca ausente en la izquierda española. De todo ello son conscientes los centros de decisión políticos y sociales españoles, propiciadores del acuerdo entre P.S.N. y U.P.N.; no limitado al control del sistema institucional del denominado amejoramiento, sino que ha practicado el aislamiento y persecución de las señas de identidad de Navarra, como instrumento más adecuado para obstaculizar la consolidación de la reivindicación soberanista.
La realidad presente constituye un punto más del proceso iniciado históricamente con el desmantelamiento del marco jurídico propio de Navarra, mantenido en este territorio hasta la imposición de la ley de 1841 -paccionada que dicen los recalcitrantes-. Aquí tiene su inicio el caciquismo que ha llegado hasta hoy, con el hito particularmente sangriento del 36; momento este que permitirá a los autodenominados «navarristas» el control incontestado de la provincia española, con la concreción aberrante de un imaginario histórico que ofende a la inteligencia, basado en un eje que se apoya en la negación de la cultura conocida universalmente como vasca y la aceptación de un status de provincia española, o de comunidad autónoma secundaria, status este que es calificado de «FUERO» en la más burda de las tergiversaciones de la realidad histórica. Este es el marco más cómodo para España, al facilitar a esta la subordinación de nuestro territorio a sus propios intereses nacionales y permitir a los caciques navarros la libertad de acción con la que acostumbran a actuar. No merece la pena lamentar la corrupción estructural que la crisis ha vuelto insufrible. En todo caso es obligado concluir como un aviso a los navegantes que la enfermedad de la C.F.N. y, en definitiva, del conjunto de los territorios navarros, no puede remediarse con la reforma del sistema, ni cualquier alternativa que contemple la sustitución de los actuales gestores públicos. Autoritarismo y corrupción son intrínsecos a cualquier proyecto que piense en España como Estado. ¡Al tiempo! …Que va a ser corto.








