Rubalcaba & Navarro, Compañía Española de Comedias

Las escenificaciones de Pere Navarro con Alfredo Pérez Rubalcaba tienen un punto de comicidad que hay que agradecer en unos momentos tan faltos de alegrías como los actuales. No son buenos actores, porque se les nota demasiado que interpretan, y sus espectáculos carecen de contenido intelectual, pero ponen tan buena voluntad, se esfuerzan tanto en ser creíbles, que terminan dibujando una sonrisa indulgente en los rostros que los miran. El nuevo montaje de su compañía es una comedia de un solo acto titulada «Tercera Vía» y cuenta con un reparto repleto de nombres que por su histrionismo recuerdan los primeros años del cine sonoro, en el que los actores y las actrices, influidos aún por el cine mudo, gesticulaban teatralmente y enfatizaban la expresión. Aquí, en el reparto de la nueva comedia de Rubalcaba y Navarro, encontramos, entre otros, a Susana Díaz, Elena Valenciano, Maurici Lucena, Antonio Balmón y Miquel Iceta. Es decir, un grupo de voces grandilocuentes y de cantinela rancia que vagan erráticas por un decorado con olor a naftalina.

El argumento gira en torno a un grupo de amigos conservadores, inmovilistas y antidemocráticos -pero aficionados a hacerse pasar por progresistas- que opinan que su país se ha vuelto loco y deciden detenerlo antes de que haga un disparate. El disparate de querer ser libre. Libre como el resto de países libres. La libertad, según los estatutos de la asociación de este grupo de amigos, es un mal muy pernicioso, y la manía de querer ser libre es un desequilibrio psíquico que requiere tratamiento médico. La prueba es que la ley prohíbe la libertad. La prohíbe por el bien del país y también para la salud mental de sus habitantes. Y esto, por lo tanto, incluye la prohibición de votar, ya que la expresión del pensamiento de la gente por medio de una papeleta en una urna constituye un delirio que raya la demencia. Rubalcaba, Navarro y sus amigos lo repiten por doquier: «La consulta no se puede hacer y no se hará. La democracia es hacer lo que dice la ley, si no ya no es democracia».

Parece, pues, según estos amigos, que el país está equivocado, ya que piensa justo lo contrario. Por ello, al verse en minoría en el Parlamento, se desgarran y se preguntan: ¿cómo puede ser que un país piense que no es la democracia la que está al servicio de la ley, sino que es la ley la que está al servicio de la democracia? ¿Cómo puede ser que un país diga que unas leyes que no permiten el ejercicio de la democracia son leyes antidemocráticas? ¿Cómo puede ser que un país defina como totalitarias unas leyes que prohíben votar? Hay cosas que no se pueden permitir, y esta es una. Suerte tiene el país, de estos amigos que velan por el bienestar de su cautiverio. Una hora y media después, al caer el telón aparecen Rubalcaba, Navarro y compañía a saludar, los cuatro gatos que hay en la sala dan un breve aplauso de cortesía y respiran aliviados pensando que todo eso no ha sido más que una comedia.

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