De la memoria a la conciencia

– “Aitona –me cotilleaba la nieta- zu oso zaharra zara?

– Beno, hor gaude.

– Esque, nire adiskideek esaten didate, bere aitonamonek asko dakitela, zaharra izateagatik…

Esta, no por infantil menos aguda salida, hace que tus cavilaciones, te dejen sin quicio… Y es que si así fuera, como razonablemente debiera ser, la vejez si supondría un grado…

Y sin embargo,  no podemos evitar, dejar de lamentarnos de tanta idiocia -sabrosos los comentarios de V. Moreno a respecto de tal palabro-. Y que si se me permite matizo, porque el comportamiento de la solera vegetativa, más parece oligofrenia,  o en puro paladino, estupidez.

Se trata, no se si  de que cuanto más viejos más pellejos o simplemente, de constituir puros arquetipos de egoísmo. Hablaremos de nuestro miedo o simplemente de una culpable e incluso  cándida ignorancia.

Pero con todos los respetos, los idiotas canosos o sin canas, son -o somos- miríadas… Bastantes más que yayos –o si se quiere yayoflautas- rebeldes,  insurgentes y  revolucionarios. Que los hay y bien bravos…

Pero eso sí, aún podemos cargar con la memoria. Dios -¡ay que Dios!- quiera, que el señor Alzheimer tarde en visitarnos.

Entiendo que la memoria no es sólo el meollo de un proyecto de futuro. Es por encima de todo sustancia de tu pasado y como no, de tu propia existencia.

De la calidad científica de tu memoria, es decir de su verdad, depende la naturaleza y la luminosidad de tu conciencia.

Memoria y conciencia,  resultan inherentes.

Glosaré brevemente, atendiendo a mi conciencia, o si se quiere a mi memoria, tres conceptos. Los que me resultan tan estructurales, como definitorios de nuestra sociedad: vida, patria e historia.

Por supuesto, no olvido los años del hambre franquista.  Racionamiento les llamaban. Y  de aquellas largas esperas en los dispensarios para conseguir un tubo de sulfamidas. Siempre a expensas del temple del Dr. Galeno de turno… Y de  aquellas frías aulas… Todavía me escuecen.

Digo que nos calentaban a catonazos. Un requisito sine qua non, para poder acceder a las cantinas escolares…

Pero por encima de estos “pormenores”, estaba la valoración que  hacía el régimen, de la vida de los ciudadanos contestatarios.  Es a lo que voy.

Ingenuamente pensé, que aquellos episodios que agitaron mi conciencia se esfumaron. ¡Vanas esperanzas!, que todavía están aquí. Que  nunca se fueron los demonios que diseñaron aquel infierno.

¿Acaso la vida de aquel sádico matarife y torturador llamado Melitón Manzanas, tenía más valor  que la de Txabi Etxebarrieta…? Y toda esa estirpe interminable de torturadores, como los Billy el niño, los Galindo, aquí en Iruña el maldito y execrable “chino”… La verdad, nunca hubiera dado un penique por sus vidas, aún a sabiendas de que eso contradice mis principios… que la vida sea de quien sea debe ser intocable.

Pero ya sabemos, la valoración que se hace de unas víctimas y de otras, de unos victimarios, llámense franquistas o fuerzas del orden -que más da…- y la que se hace de los otros…

Al final, tu conciencia te aclara que todas las muertes violentas son un fracaso social y político y sin duda la mayor amenaza para la existencia de la humanidad.

Es cuando llegas a entender, que por encima de ideas, patrias e intereses económicos, está la vida. Y dando un paso más hacia un mundo auténticamente justo, que mientras la vida del otro no sea respetada, defendida y valorada como la propia, seguiremos peor que en el pleistoceno…

Después de estos amargos trances vividos,  toda esta movida sobre víctimas, victimarios etc… se maneja –asunto grave donde los haya-, como un puro contubernio.  Complot, en cuyas entrañas se esconden espurios intereses económicos o políticos y raras veces verdaderos sentimientos de dolor y de entendimiento… Y que pese a quien pese, cada vez la perversión de ciertas ceremonias, resulta más meridiana.

Hoy, mi memoria me dicta, que la vida no pasa de una mera mercancía y que su valor depende del color, de la adscripción e intereses políticos y económicos, escasas veces de su condición humana…

Haré otro repaso -sin más miramientos que los permitidos- de la idea, asaz confusa y artera, del término patria.

Leo en el diccionario de la lengua española, Patria: tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano, por vínculos jurídicos, históricos y afectivos…

No entiendo por qué, salvo los mejunjes que se quieran cocinar con lo de vínculos jurídicos, en ningún momento se hace referencia a la imposición armada de estos… Porque los españoles saben perfectamente, que sin tricornios y Brunetes, difícilmente España sería la patria “jurídica” de vascos y catalanes…  Porque ellos arrasaron las instituciones navarras, haciendo tabla rasa de ellas…

Vínculos jurídicos  pues, impuestos, con los que se nos aplican códigos, leyes y constituciones, que muchos, jamás hemos sancionado y que probablemente nunca lo hagamos.

¿Cómo narices me voy a sentir vinculado jurídicamente, a una parafernalia como la Española, que hunde en sus calabozos a un Otegi y a otros paisanos, para los vascos, patriotas comprometidos con la paz y libertad e indulta a torturadores, mangantes del erario y  salvajes expoliadores de caudales públicos?

Y si el concepto de patria viene definido por los vínculos afectivos, justamente los que nos atan a nuestra lengua, cultura y patrimonio, es evidente cual es la patria de los vascos.

Con todo esto, diría a los españoles, que para nosotros los vascos, Euskalherría es la patria de los vascos y no otra.

Por eso, a los vasconavarros, nos resulta dramático que hayamos de soportar un día si y otro también, la pertinaz agresión de los navarristas – navurros los llaman-, contra todo expresión acorde con nuestras raíces vascas.

A nosotros, desde muy niños, se nos impuso la patria de la unidad de destino en lo universal. Éramos los enviados del “altísimo” para expandir “urbi et orbis”, los valores eternos. ¿Cómo íbamos a saber que en unos pocos lustros, lo único que iba a expandir la marca España, eran los vapores de una gigantesca deposición de picaresca, mentira y corrupción?

Porque  mi memoria, en este caso, me remite a una infancia, donde la intoxicación a la que nos sometían los prebostes franquistas nos sofocaba hasta la angustia.

Por eso hoy reivindicar nuestra auténtica historia significa conformar nuestra conciencia como vascos.

¿Cómo, quienes arrastran una tradición de genocidio y asfixia cultural -pregunten en Latinoamérica, pongamos por caso-, tienen la osadía y desvergüenza, de soliviantarse por un sistema educativo como el vasco? ¿Por qué siguen empeñados en escudriñar con sus prácticas inquisitoriales –les priva la Inquisición-, a modelos como el D, en Navarra? ¿No tenemos derecho los navarros a restaurar y conocer nuestra verdadera historia y cultura?

Porque nuestra patria, no es ni la del Cid, ni la del falsario, ni la del  Alandalux, ni la del imperio hacia Dios y por supuesto, jamás de los jamases, la del Duque de Alba…

Nuestra patria es la de Pedro de Navarra, Françesc de Jaso, la de Zumalakarregi…

Y por supuesto la que mantenía un sistema foral propio –constitucional-, con sus propias instituciones jurídicas, políticas y territoriales. No lo olviden los navarreros…

Picaresca, mentira y corrupción, conforman actualmente, los sacramentos de la gobernanza del dramático sainete carpetovetónico. Y creo que muy pocos ignoran las componendas de las entrañas de esta comedia bufa, que tanto dolor comporta. Y si no cae la estaca, es porque pocos la menean…

¿Tendremos que volver a cantar L`estaca con Lluis Llach?

Porque mi conciencia me grita otra patria. Máxime, cuando te quieren imponer otra, que es uno de los testimonios de frustración histórica acongojante.

Y es que el nacionalcatolicismo, aniquiló todo lo que pudiera trascender a librepensador y libertad de conciencia. Por ejemplo, ¿que hizo con las grandes bases científicas y culturales del Alandalux?

En el ámbito carpetovetónico –todo lo imperial que se quiera-, se creó un especímen de mente obtusa, espíritu canijo y corazón sanguinario.

Hay mucho báculo y oligofrenia coronada. Y a su vera, una amplísima la lista de personajillos,  tipo Mola o Franco, que han sido los artífices del bodrio ibérico.  Por discreción, no  hablaremos de la presente saga de ineptos…

¡Ralea de gobernantes, ramplones, sátrapas y tartufos, cuando no grotescos histriones, que nos han gobernado y gobiernan con el resultado que todos conocemos!

¿Qué extraño pues, que nuestra conciencia, bien alimentada por nuestra memoria, sea tan insistente en esta tarea de recuperar “gure arbasoen modus vivendi y operandi”.

Y si como decía Madiva: cada hombre un voto, ¿que narices pintaban en sus exequias tantos hipócritas, que una vez encolados en sus corruptos tronos, nos niegan el agua y el pan y la voluntad para decidir nuestros destinos?