Tiene gracia que las voces del españolismo catalán que más insisten en que Cataluña no celebrará ningún referéndum para la independencia dediquen tanta energía en impedir que la pregunta en cuestión sea limpia y clara. Si no debe haber referéndum, ¿por qué están tan interesados en convencernos de las maravillas de hacer más de una pregunta? Parece que desconfían del despliegue de fuerzas del Estado a la hora de hacer pasar Cataluña por el aro del absolutismo español y que intentan curarse en salud ante tan temido imponderable. Como si no excluyeran la posibilidad de presiones internacionales para que España deje votar los catalanes. En todo caso, los partidos favorables a la independencia de Cataluña no deberían caer en esta trampa. Es sabido que, a menos que Cataluña salga por el derecho a la consulta sin hacer caso de las amenazas españolas, todo parece indicar que estamos cada vez más cerca de unas elecciones plebiscitarias cargadas de razones.
Este detalle, el de la carga de razones, no es banal, ya que de cara al mundo habrá que dejar muy claro que ha sido la única salida contra la criminalización española de las urnas y contra la violación, también española, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Quiero decir con esto, que es mucho mejor seguir el protocolo del referéndum, ya que tiene una proyección incuestionable en el mundo democrático. Ahora bien, si España lo impide -lo impedirá precisamente por este motivo-, la legitimidad de unas elecciones plebiscitarias será absoluta. Tan absoluta, que España intentará desacreditarlas tanto como podrá o tomará medidas paroxísticas que rompan el gobierno y las competencias de la Generalidad. En resumen, hará todo lo que sea necesario para impedir que el mundo vea que el pueblo catalán, por sufragio universal, ha decidido constituirse en Estado independiente.
Sin embargo, por innecesario que pueda parecer dedicar tiempo a fijar la fecha y la pregunta de un referéndum que probablemente no se hará, hay que respetar el proceso. Es necesario que Cataluña siga punto por punto los principios del derecho internacional para que España, pisoteando este derecho, evidencie su absolutismo y se muestre como lo que dicen los organismos internacionales que es: un Estado con las libertades restringidas. Será importante esto y será importante también que el presidente Mas haga públicas la fecha y la pregunta del referéndum de autodeterminación, ya que constituirá un mensaje dirigido a todo el planeta, en el sentido de que Cataluña va en serio.
Hace falta, sin embargo, que las formaciones y las voces soberanistas, dejen de hacer el juego al españolismo diciendo que conviene encontrar una pregunta con la que todo el mundo se sienta cómodo. ¡Seamos serios, por favor! Un referéndum no es un sofá. Estamos hablando de un referéndum por la independencia de Cataluña, y si hemos llegado hasta aquí ha sido gracias a los que están dispuestos a votar SÍ. Los del NO, además de ser los que han conducido al país al borde del abismo, apoyando el expolio, son los que nunca han hecho nada -nada de nada- por reconocer a Cataluña como una nación de Europa con todos los atributos económicos, culturales, lingüísticos y deportivos que ello conlleva. Por eso la pregunta a responder sólo puede ser ésta: «¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente? ¿SI o NO? «Si gana el NO, los amantes de la Tercera Vía podrán desarrollar su gigantesca tomadura de pelo a los catalanes, si gana el SÍ, Cataluña circulará por la Primera Vía, por la Vía 1, que es la vía por donde circulan las naciones adultas, libres y soberanas del mundo.
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