La economía, clave para el Estado escocés

Las pensiones son la principal preocupación de la población, seguida de los impuestos

La moneda o la monarquía ocupan los últimos puestos de la lista según la última encuesta publicada este jueves

Los últimos datos de opinión publicados en Escocia sobre el referéndum de independencia dejan claro que los votantes están ávidos de información. Casi la mitad, un 49%, desearían saber más sobre cómo quedarán aspectos como la economía o los trabajos bajo una posible independencia. Un porcentaje que subraya la importancia que tendrá la presentación, a finales de noviembre, del libro blanco (White Paper, en inglés) por el Gobierno de Edimburgo. Un documento que seguro tendrá repercusión en la decisión que muchos escoceses tomen el año que viene, ya que se dará respuesta a los aspectos principales sobre la forma en la que se articularía el nuevo Estado independiente.

Esos aspectos, los que más conciernen a la población, son precisamente económicos. Así lo demuestra la encuesta realizada a más de mil personas y en la que se recoge que el 37% de la población apunta a la situación de las pensiones como la principal preocupación. Muy de cerca, con un 31%, se sitúa el nuevo sistema de impuestos que Escocia debería desarrollar. Dos cifras que reflejan la importancia del factor económico dentro del debate sobre la independencia. A los escoceses les preocupa lo que ocurra con su paga tras la jubilación y también la subida que los impuestos puedan sufrir para hacer frente a los gastos del nuevo estado supone. Destaca el hecho de que cuestiones como la moneda que se utilizará o el futuro de la Monarquía son las principales prioridades para tan solo un 13% y un 4% de los votantes respectivamente. Los medios británicos, tanto al norte como al sur de la frontera, han dedicado extensos reportajes a estas dos cuestiones que ahora emergen como las que menos preocupación crean entre la población.

un tercio de indecisos

Por su parte, según la encuesta, un 29% de la población votaría a favor de la independencia mientras un 43% apoyaría el statu quo. Sin embargo, el dato que destaca es que un 32% de la población no sabe todavía a quién votar. Especialmente sorprendente es que en Glasgow, la mayor ciudad escocesa, cuatro de cada diez habitantes no ha decidido todavía el sentido de su voto. Tom Costley, portavoz de TNS Scotland, la empresa encargada de la encuesta, concluyó que los datos subrayan, en general, la «falta de información que muchos habitantes sienten, sobre todo en asuntos financieros. Además, el alto número de indecisos apunta a que todavía queda mucho trabajo por hacer en ambos lados».

En este sentido, desde la campaña favorable al «sí», sus portavoces destacaron que «de aquí a la única encuesta que importan, en septiembre del año que viene, doblaremos los esfuerzos para informar a los votantes». También aseguraron que según sus propios informes, la gente que «cuanta más gente sabe de las ventajas de la independencia, más votan a favor». Por su parte, desde la campaña unionista, su portavoz, Blair McDougall observó que «con tanta gente todavía sin decidir su voto, hay mucho partido por delante. Por lo tanto, haremos campaña todos los días para dejar claro que somos más fuertes juntos».

polémica en los astilleros

La encuesta fue publicada, precisamente, un día después de que el despido de más de 1.700 empleados de los astilleros de Portsmouth y Clyde en Escocia traspasara el ámbito económico y se convirtiera en una tormenta política. El miércoles, el secretario de Defensa, Philip Hammond, anunció el cierre completo de la fábrica de Portsmouth, al sur de Inglaterra, mientras que afirmaba que la factoría escocesa seguiría abierta gracias a un nuevo contrato para construir trece fragatas que se firmaría a finales del año que viene.

Poco después del anuncio, los políticos y trabajadores ingleses afectados clamaban que se trataba de una «decisión política» para asegurar la Unión. La propia parlamentaria conservadora Caroline Dinenage aseguró que «los empleos de la costa Sur han sido sacrificados por Escocia». Mientras, el líder del Ayuntamiento de la Ciudad de Portsmouth, Gerald Vernon-Jackson, fue un paso más allá al recalcar que «los astilleros que pueden fabricar barcos de guerra se quedarán en Escocia, donde habrá un referéndum. Los ministros han puesto la defensa de Reino Unido y su marina en un serio riesgo».

Lo cierto es que la palabra «soborno» resonó entre las formaciones políticas de todos los colores, sobre todo después de que el gabinete británico dejara caer que el contrato futuro para las fragatas podría no ser para Escocia si finalmente se independiza. La respuesta del Gobierno de Edimburgo fue contundente. Su viceprimer-ministra, Nicola Sturgeon, aseguró que «Escocia puede seguir construyendo barcos aunque esté fuera de Reino Unido».

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