Este largo fin de semana, con un viernes festivo, parece propicio para dejar un poco de lado los temas estrictamente políticos y comentar asuntos que, a pesar tener relación indirecta, resultan más ligeros. La combinación de política y sexo, por ejemplo. En este terreno, los políticos franceses siempre han sido bastante productivos. Recordemos, por ejemplo, tres casos relativamente recientes al más alto nivel. Uno, el de Dominique Strauss-Khan, ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y ex aspirante socialista a la presidencia de Francia, encausado por un supuesto acoso sexual a la periodista Tristane Banon, otro el de Georges Tron, ex secretario de Estado de la Función Pública y militante del partido conservador UMP, denunciado por agresión sexual a dos subordinadas, y el tercero, el de Jacques Mahéas, exsenador del Partido Socialista, condenado igualmente por agresión sexual a dos trabajadoras municipales.
Sin embargo no todo son agresiones o acosos sexuales. También hay otras cuestiones que han trascendido en la prensa francesa y que han sido recogidas por diversos países. Uno de los más sonados fue el de las infidelidades mutuas del expresidente francés Nicolas Sarkozy y su esposa, la ex modelo Carla Bruni. A Sarkozy se le vinculaba con Chantal Jouanno, ex ministra de Medio Ambiente, y a Bruni con el cantante Benjamin Biolay. Bruni lo desmintió diciendo que su relación con Sarkozy era un ‘cuento de hadas’, y Sarkozy, pensando, quizá, que la frase de su mujer lo resumía todo, calló. Nada que ver con el mundo anglosajón, donde estas cosas suelen pasar una elevada factura política. Fijémonos, si no, en el caso de Sarah Palin, la actual reina del Tea Party, que sufrió un revés muy fuerte como candidata a la presidencia de Estados Unidos a raíz de la publicación de sus infidelidades matrimoniales. Y lo mismo le habría pasado a François Mitterrand si hubiera sido norteamericano. Pero Mitterrand era francés, y fue él mismo, no algún periódico, quien reveló, después de muerto, su doble vida. Lo hizo por medio de un testamento según el cual su ataúd sería acompañado hasta el cementerio no sólo por su mujer Danielle y por sus dos hijos, sino también por su amante de siempre, la historiadora de arte Anne Pingeot, y su hija Mazarine.
Lo más interesante, sin embargo, es que en Francia, si bien todo el mundo conocía la doble vida del presidente, nadie decía nada. Lo sabían sus dos mujeres, lo sabían los tres hijos y lo sabía el personal doméstico. Todo el mundo sabía que Mitterrant alternaba dos casas a lo largo del año, salvo la época de vacaciones en que, invariablemente, pasaba los días en compañía de Danielle, su esposa oficial. De hecho, la revista París Match fue muy criticada por publicar una fotografía de Mitterrand con su hija y se tuvo que defender diciendo que, a pesar de tener la confesión del mismo Mitterrand, había guardado el secreto durante diez años. ¿Alguien se imagina la prensa estadounidense silenciando que el presidente de Estados Unidos tuviera una segunda familia mantenida por el gobierno en una residencia propiedad del Estado? Parece impensable. Y también lo parece que un medio de comunicación estadounidense osara decir una frase como esta de París Match sobre el tema: «Los políticos franceses pueden dormir tranquilos y con quien quieran’. Es una frase que revela una sana y desinhibida forma de pensar. Tan sana y desinhibida como la de la actriz norteamericana Shirley MacLaine. Ella lo expresó así: ‘Prefiero tener un presidente que folle con mujeres que un presidente que folle el país’.
SANT CUGAT
http://www.cugat.cat/diari/opinio/93433/el_llit_dels_politics







