Espléndido, el suplemento fotográfico que el Diario de Sant Cugat dedicó a la Vía Catalana del Once de Septiembre pasado bajo el título «Sant Cugat hace Vía». A lo largo de veinte páginas y a través de unas cincuenta fotografías, los lectores pudieron ver el desarrollo de la Fiesta entre los tramos 124 y 130 de Hospitalet de l’Infant, en el Baix Camp, ocupados por los santcugatenses que allí se desplazaron. Treinta y tres fueron los autocares que salieron de la ciudad con aquel destino, al margen de las personas que lo hicieron en sus vehículos particulares. Es decir, que, como ha informado la Official World Record, no sólo estamos hablando de la cadena humana más larga y multitudinaria que se ha hecho nunca en la Unión Europea, sino que dicho organismo internacional también ha certificado una participación mucho más elevada que la que dio la consejería de Interior, que era de un millón seiscientas mil personas, y ha dejado en esperpéntica evidencia el gobierno español y su ministro Jorge Fernández Díaz, ya que sin el más mínimo sentido del ridículo dijeron que sólo había cuatrocientas mil personas. Sólo cuatrocientas mil. Así es como el PP esconde la realidad que no le gusta y manipula la ciudadanía desde sus altavoces oficiales: por medio de la mentira.
Por suerte, y a pesar suyo, podemos decir bien alto y bien claro para que conste en la historia: según certificó el Official World Record, en la Vía Catalana del Once de Septiembre de 2013 asistieron dos millones de personas. ¡Dos millones! Dos millones de personas cogidas de las manos a lo largo de cuatrocientos kilómetros; dos millones de voces unidas por un solo grito: «Independencia»; dos millones de catalanes con un mismo anhelo: la plena libertad de Cataluña.
Para hacernos una idea de las colosales dimensiones de este hito, basta con que pensemos en las manifestaciones que se hacen en todo el mundo por causas diversas y en las reducidas cifras que registran, comparadas con las de la Vía Catalana. Y es natural que sea así, porque sacar mucha gente de casa, hacer que salga a la calle para defender unos derechos o para denunciar una opresión es una tarea titánica. Esto no significa que los que no se manifiestan no compartan el mismo anhelo. Hay muchísimos que sí. Pero también hay un montón de razones que pueden explicar su ausencia: trabajo, enfermedades, viajes, compromisos, pereza, problemas personales… Otros, por supuesto, no van porque la reivindicación en cuestión, ya sea política o laboral, les es indiferente o porque sencillamente están en contra. En este último caso, sin embargo, se observa una curiosa paradoja, y es que en cuanto la reivindicación logra sus objetivos y los beneficios se hacen visibles, no hay ningún antiguo opositor que renuncie a ella. ¿Alguien conoce algún esquirol lo suficientemente íntegro como para haber renunciado a las mejoras salariales logradas por los compañeros que él mismo reprobaba cuando luchaban por un sueldo digno? Pues con la independencia pasará exactamente lo mismo. No habrá ninguno de los que hoy se disfrazan de fantasma del miedo contra la independencia de Cataluña que en el nuevo Estado catalán renuncie a disfrutar de los beneficios de unos mejores servicios sociales, de unas mejores pensiones, de unas mejores infraestructuras y, en definitiva, de una mejor renta per cápita. Ninguno.
Respecto a la «mayoría silenciosa» de la que pretende apropiarse el PP, sólo decir a este partido que por coherencia, abandone inmediatamente el gobierno de España, ya que la mayoría de españoles no lo ha votado.
Diario de Sant Cugat









