«Delenda est Hispania» es un libro de lectura obligada para todo catalán que quiera cargarse de argumentos en favor de un Estado independiente para Cataluña. Son argumentos rigurosamente documentados que, divididos en trece apartados, nos hablan de la construcción de la idea de España, del bloqueo económico contra Cataluña, de la Cataluña en vía muerta, de las vías de acceso a la independencia, de la Cataluña- Estado, de la disolución del Estado español y, entre otras cuestiones, del reconocimiento internacional del Estado catalán. Albert Pont, el autor de este libro, que es especialista en Derecho Internacional y vicepresidente del Círculo Catalán de Negocios, ha hecho una labor impresionante -lo señalo: impresionante- que no se ha visto recompensada mediáticamente. Los grandes medios están tan ocupados promocionando los productos que vilipendian a Cataluña, como Joaquin Sabina o Alfonso Guerra, que no tienen tiempo de dar el relieve que merece una auténtica obra maestra del ensayo, como es «Delenda est Hispania». Pero el libro existe y ensancha la mente de quien lo lee. Hagamos una pequeña muestra:
• «La constitución del actual Estado español se fundamenta en un acto ilícito, un acto nulo de pleno derecho. Ni entonces ni ahora, ninguna entidad soberana tenía potestad para disolver la soberanía de ninguna otra entidad; menos aún si su soberanía era originaria y plena como la del Principado de Cataluña y las del resto de identidades de la Corona catalanoaragonesa».
• «El federalismo, como proyecto político, sólo puede fundamentarse en la misma naturaleza jurídica y en la igualdad soberana de las entidades federadas. Una ‘federación’ de entidades de diferente naturaleza nunca podrá dar lugar a una entidad federal, sino a una nueva forma de dominación. Sólo establecería un nuevo marco de legitimación de la dominación de unos pueblos por otros».
• «Cataluña se ha empeñado en mantener una actitud constructiva con el Estado español. Un grave error. No se puede ser nunca comprensivo ni autocompasivo con quien nos intenta destruir. […] España no percibe la voluntad negociadora y la tradición pactista de Cataluña como signo de nuestro espíritu constructivo, sino como signo de debilidad. […] La animadversión sociológica hacia Cataluña está perfectamente instalada en la concepción identitaria y en la cultura política de los españoles. No necesitan un mandato legal para imponer un criterio que comparten, ya que forma parte de su idiosincrasia. Pero no deja de ser una manifestación de la propia enfermiza debilidad».
• «El esfuerzo que sufrimos los catalanes por el embargo fiscal a que España nos somete equivale a diecinueve veces el Plan Marshall que Estados Unidos destinaron para la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, y es más de tres veces superior al coste de la reunificación alemana».
• «España no es viable económicamente, ni podrá hacer frente a su propia deuda, una vez haya perdido el aval de Cataluña. Ante su debilidad, España será objeto del ataque de unos mercados internacionales y de unos acreedores que no tendrán suficiente con repartir sus activos. Son ellos quienes liquidarán España, no nosotros».
• «Y mientras España tira margaritas a los cerdos, Cataluña espera, siempre espera… La docilidad de algunos catalanes es exasperante, la connivencia y la complicidad de otros, una traición. No hay justificación ideológica posible».
• «España se está preparando para sobrevivir a nuestra independencia, ya que, en principio, sólo la adopción de una forma de organización territorial del poder propia de un Estado integral puede evitar su disolución y la desaparición de la Corona española. Y lo está haciendo al precio de poner en peligro la viabilidad no sólo de toda la economía española, sino también del sistema monetario europeo y la continuidad del proyecto político de la Unión Europea».
• «Los referendos sobre la secesión y la anexión de territorios, o la unificación de Estados, sólo se pueden convocar dentro de los límites de los territorios en cuestión. Nunca se convocan en el territorio de todo el Estado predecesor. Esto podría ser considerado como una medida de compulsión política, que el Derecho Internacional no permite».
• «La Generalitat debe abandonar el victimismo autocompasivo de siempre y debe aprender a LIDERAR. Debe establecer los mecanismos para hacer aflorar de una vez por todas el FASCISMO que impregna la sociedad española y que tan hábilmente se ha instalado en el entramado institucional del Estado y sus poderes fácticos, pero también en nuestra sociedad. Con su actitud provocadora, Cataluña debe conseguir que las autoridades civiles españolas pierdan el control sobre las autoridades militares del Estado, y sea la exaltación del mismo fanatismo españolista quien haga salir los militares a la calle».
• «Nadie nos echará de ningún organismo internacional, menos aún de la Unión Europea. Simplemente tendremos que formalizar nuestra adhesión como miembro de pleno derecho, en lugar de serlo como parte de la delegación española. Las exportaciones de las 934 empresas alemanas, las 762 empresas francesas y las 490 empresas estadounidenses que recientemente han invertido en nuestro territorio dependen del reconocimiento internacional de nuestro Estado».
«Delenda est Hispania», de Albert Pont, es un antídoto contra el mensaje demagogo, pusilánime e inmovilista que los grandes altavoces mediáticos propagan día tras día con la intención de maniatarla mentalmente. Hay una oligarquía española y unos sectores renegados de la sociedad catalana que nos quieren callados, sumisos y complacientes -porque todos sus beneficios, absolutamente todos, individuales o de clase, están fundamentados en la subordinación de Cataluña a España-, y este libro los desenmascara de arriba abajo sin piedad. Leerlo, por lo tanto, es tomarse una exquisita, urgente y vivificante contramedicina.









