«España es víctima de su propia fuerza contra la independencia de Cataluña»
Hay una cosa que Cataluña está haciendo muy bien, y es dejar que España sea víctima de su propia fuerza. Fuerza estatal, claro, no fuerza ética ni moral ni argumental. España se ha dado cuenta de que esta vez Cataluña va en serio y de que el independentismo es claramente mayoritario y quiere cortarlo de la única manera que sabe hacerlo, que es aplicando criterios del siglo XVIII. Resulta grotesco, sí, pero es su naturaleza. Así como hay personas que llevan un rey en el cuerpo, España lleva un dictador. Y toda su política estatal responde a esta actitud ante la vida: España no pacta, España ordena; España no escucha, España impone; España no respeta, España somete. El problema de una personalidad así es que está condenada a chocar frontalmente con la realidad -una realidad que se llama siglo XXI- y a sufrir la mayor humillación de su historia. Y no porque Cataluña, con la independencia, pretenda humillar a España, sino que ésta lo vivirá así. De hecho, ya hace tiempo que se está retratando ante el mundo. No lo puede evitar. Llega un momento que incluso el mejor maquillaje falla.
Se entiende, pues, que el gobierno español esté nervioso, muy nervioso. Está tan nervioso que toda la fuerza que despliega para ahogar la transición nacional de Cataluña acaba explotándole en la cara. Fijémonos como toda la operación destinada a presentar a Cataluña al mundo como un país nazi, comparando el independentismo con el nazismo, se le ha vuelto en contra y el Museo Judío de Berlín ya ha reprobado el reportaje de Telemadrid y ha pedido que «se prohíba legalmente esta incitación al odio». Primera victoria catalana.
Lo mismo ha sucedido con la condecoración a nazis y franquistas presidida por la delegada española María de los Llanos de Luna sin ningún tipo de escrúpulo y sin ninguna rectificación posterior. Al contrario, con ese cinismo que provoca vergüenza ajena, Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior, ha justificado la condecoración a viejos nazis españoles como una «reconciliación». Y lo dice él, que, como todo su partido, no ha condenado nunca el franquismo. ¡Cuanta bajeza moral, Dios mío! Y, además, el Ministerio de Sanidad subvenciona a los veteranos asesinos de la División Azul y el de Cultura subvenciona la Fundación Francisco Franco. Por suerte, Alemania se ha escandalizado y todo el mundo lo ha visto. Segunda victoria catalana.
También se le ha vuelto en su contra el lingüicidio que España está perpetrando en la Franja. El intento de descuartizar la lengua catalana por medio de un esperpéntico cambio de nombre, haciendo que se llame ‘Lapao’ en vez de catalán, ha provocado la risa de la comunidad científica internacional. España no tiene rival poniéndose en ridículo. Sobre todo después de que han sido precisamente los científicos quienes le han hecho saber que el Lapao es un dialecto de la etnia naxi que se habla en algunos puntos del centro y del sudeste de Asia. Tercera victoria catalana.
Otro caso escandaloso es el del catalán de origen marroquí Noureddine Ziani, presidente de la Unión de Centros Culturales Islámicos de Cataluña, que ha sido expulsado por el gobierno de España por ser independentista catalán. Una expulsión hecha por la vía rápida, sin pruebas de ningún tipo -¡»no se necesitan pruebas», han llegado a decir!- Y con una vulneración escandalosa de los Derechos Humanos. La revista Time se ha hecho eco de ello y los recién llegados catalanes de origen islámico, lejos de sentirse atemorizados -que es lo que pretendía la expulsión de Ziani-, ven al gobierno español como un gobierno enemigo, amenazante, totalitario y xenófobo y cierran filas en favor de la independencia de Cataluña. Es decir, otro gol de España en propia puerta y, por consiguiente, cuarta victoria catalana.
La lista de despropósitos españoles contra Cataluña es tan larga que sería pesado ennumararlos todos, pero vale la pena citar un quinto: el caso de la profesora Clara Ponsatí, expulsada de la cátedra Príncipe de Asturias de la Universidad de Georgetown por el gobierno español por el solo hecho de haber opinado a favor de la independencia de Cataluña en una entrevista televisiva (!). La reacción de la citada Universidad ha sido transmitida por la misma Ponsatí: «En Georgetown pensaban que España era un país democrático». Ahora, sin embargo, ya saben que no lo es. Ahora ya saben que España es un Estado de pensamiento único donde todo el mundo que discrepe es considerado un criminal sin que sea necesario presentar la más mínima prueba que lo demuestre. Quinta victoria catalana.
Como vemos, España es víctima de su propia fuerza contra la independencia de Cataluña. Y en este sentido, el fútbol nos ofrece un ejemplo bastante diáfano: el equipo que termina ganando el partido no es el que cae en las provocaciones, sino el que se mantiene firme en el ejercicio de sus cualidades y de su inteligencia mientras el rival, primitivo y leñero, se carga de tarjetas y de expulsiones. Lo único que tenemos que hacer, por lo tanto, es mantener la firmeza y dejar que la fuerza con que España nos ataca se convierta en nuestra mejor aliada. Y luego, cuando seamos un Estado independiente, les daremos las gracias y las medallas.








