Urruña y Hegoalde tienen lazos tan indisolubles que ni los más trágicos avatares de nuestra historia han logrado disociar. Ibardin y Xoldokogaina son tránsitos montañoso-fluviales, Pausu (Behobia) y sus aledaños, vados bidasotarras naturales, y Zokoa, la alternativa marítima. Nuestra particular franja de Gaza no tiene muros de cemento o mampostería pero las paredes móviles que conforman los uniformes variopintos que la surcan son un constante recordatorio de la ocupación con mandos en plaza. Cuando la indisolubilidad estatal de nuestros tutores hispano-franceses acota y pone fronteras a los ancestrales hermanos de nortes y sures, solo restan monte, río y mar para trastocar los mapas vigentes. Revolución, carlistadas, guerras civiles o mundiales y sus consabidos exilios políticos y militares han contribuido a convertir en oficiosas estas fronteras oficiales. Se habla mucho de contrabando, de ETA y de pasos de muga bilaterales, pero esos son solo retazos de nuestra memoria histórica, sucesos cortos y perentorios con los que algunos desmemoriados tratan de montar una historieta en lugar e narrar la historia completa y verdadera. Son las estrellas fugaces alrededor de un cometa al que se le niega su identidad, y del que únicamente interesan los episódicos reverberos. Se trata de marear la perdiz en su vuelo, cuando en realidad hay muchos más perdigones que perdices.
A ETA le faltará desarmarse y hasta colegialmente pedir perdón a las víctimas, pero me consta que los desarmadores siguen armados hasta los dientes y sin el más mínimo espíritu de contrición por los desaguisados cometidos. Y que no me vengan con terminologías de corte nacionalista radical y excluyente los mismos que nos han radicalizado por la negación existencial a la que secularmente nos han sometido. En vísperas del desarme y no más lejos que esta mañana, del bonjour, vos papiers s’il vous plaît! de los gendarmes de la rotonda de Urruña al ¡buenos días, documentación, por favor! de los policías nacionales del puente de Behobia, la única muga era lingüística y ambas seguían a años luz del egunon! autóctono. Todos los controladores estaban igualmente pertrechados y con la parafernalia disuasiva de que hacen gala en estos casos. Mientras me daban paso, me ha venido a la mente aquello de «… vencido y desarmado el ejercito…», pero también he pensado en los que como Napoleón y otros, aún venciendo en múltiples batallas, nunca fueron capaces de triunfar a la hora de concluir paces justas y duraderas. También he pensado en Jorge Semprún y en su notable calidad literaria, casi tan notoria como su aparente desconocimiento de la problemática vasca. Mala cosa hablar desde Biriatu de fronteras y de dos países que amas, con los pies asentados en la tierra irredenta que los separa. Achaquémoslo a algún rescoldo de comunismo anti-identitario que en otros tiempos estuvo en boga, y dejémosle descansar tras lo mucho que le hicieron sufrir los nacionalistas fascistas de España, Francia y Alemania. Resulta sin embargo penoso que algunos extintos imperios alteren de ese modo la lucidez analítica de excelentes intelectuales. Y digo esto porque leyendo El País Semanal del 4 de los corrientes, me topo con Javier Marías, uno de mis escritores predilectos y tropiezo con el mismo guijarro teologal. Su artículo Apesadumbrados alivios supone la antítesis del pensador ecuánime y humanista que admiro. Y como las palabras escritas son a la larga armas igualmente letales que las otras, justo es concluir que los desarmes, aunque se produzcan, no implican forzosamente la ausencia de análisis para con las causas que generan los conflictos armados o verbales.
Marías habla del veneno que contamina la sangre de miles de ciudadanos vascos y afirma no conocer antídoto alguno para contrarrestarlo. Me atrevo a sugerirle que si nos consultaran a vascos contaminados y no contaminados sobre nuestro futuro y el tipo de democracia a la que quisiéramos acceder, se evitarían muchas epidemias y contagios. Y puestos a desarmar a los clandestinos, ¿por qué no pasar de la unilateralidad a una sana trilateralidad y desmilitarizar de paso a tanto ciudadano armado y uniformado que tenemos en nuestro entorno? Los presupuestos anticrisis se aliviarían en uno de sus más onerosos capítulos. En época de recortes… Sarkozy y Merkel no hablan de este tema en público pero es de suponer que saben a ciencia cierta lo que su CE se gasta en armamentos y ejércitos de todo tipo.
En mi carta al Olentzero de bélico no pido nada, ni los juguetes para los nietos. Desarme y desmilitarización general, carbón (que el gas y la electricidad están por las nubes), territorialidad, menos presos y más humor. Eguberri on!
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