Para detener a 127 presuntos miembros de siete familias de la mafia en la costa este, el FBI empleó ayer a 800 agentes. Para detener a seis acusados de pertenecer a EKIN, la Guardia Civil necesitó a 300 agentes y para cuatro de Askatasuna, necesitaron 90 agentes del Cuerpo Superior de Policía. Si se echan cuentas, 6,2 agentes del FBI son necesarios para detener a un mafioso armado hasta los dientes, mientras que hacen falta 50 guardias civiles para detener a un miembro de EKIN desarmado. La cosa parece de una ineptitud clamorosa.
A Rubalcaba le cabe el consuelo de que es mucho más eficaz el Cuerpo Nacional de Policía que “sólo” necesitó a 22,5 agentes (aún lejos del 6,2 en USA) por detenido. Lo que significa dos cosas: la inoperancia y falta de preparación de los pomposos cuerpos y fuerzas de seguridad del estado y la desfachatez de un ministro del Interior que se permite semejante despilfarro en tiempos de crisis económica.
Hay que recordarle a Rubalcaba y a su jefe Zapatero que EE.UU., a pesar de ser el país más amenazado por el terrorismo internacional, tiene un policía por cada 271 habitantes, mientras que en el estado español la cifra es de un poli por cada 462 habitantes. ¿Cómo es posible que en un estado policial de semejantes proporciones se cometan delitos y, aun peor, vayan en aumento?
El Ejército tiene alrededor de 1.200 militares desplegados en la Comunidad Autónoma del País Vasco, cifra que la ministra Chacón prometió reducir a la mirad. La Ertzaintza, sin contar a la última promoción, tiene 7.403 agentes, la Guardia Civil, 3.017 y el Cuerpo Nacional de Policía, 1.374, además de 2.600 policías municipales y, según fuentes sindicales, hay 2.400 escoltas de seguridad privada. Más que la sensación de pertenecer a un estado policial, que también, hace la impresión de que estamos ante un despilfarro descomunal.









