La cuestión vizcaína

Quede claro, ante todo, que no deseo crear enemistad con Bizkaia. Todo lo contrario. He venido a crear lazos de unión y a restañar viejas heridas; y, de paso, a tratar de arrojar un poco de luz sobre una de las circunstancias que más complica el secular contencioso nabarro. La cuestión vizcaína.

Recientemente, un estudioso de la historia de Nabarra decía poco menos que uno de los nudos gordianos del conflicto está precisamente en uno de los siete herrialdes del Zazpiak Bat. Supongo que algo tendrá que ver en ello el legado del renombrado Sabino Arana.

No pienso vapulear su figura sacándolo del contexto histórico que le tocó vivir. Eso se lo dejo a esos otros que hacen bueno el dicho de Cree el ladrón que todos son de su condición. La clave estaría, empero, en comprender qué Sabino Arana reaccionó con una lógica preocupación ante la amenaza que el universo cultural vasco sufrió en su tiempo. Hordas de colonos estratégicamente llegados a Bizkaia provocaban, sin quererlo, a finales del siglo XIX y principios del XX una decadencia de la cultura vasca a favor de la siempre expansionista cultura castellana.

Es probable que aquel descendiente de carlistas no tuviera tiempo para grandes reflexiones, y sí para una pronta reacción ante una situación que debió sentir como quien contempla un apocalipsis o un armagedón. Nada que reprochar, pues, a Arana y Goiri.

Dicen los cronistas históricos (corríjanme si me equivoco) que la bandera ideada en el Café Iruña de Pamplona por Sabino y Luis estuvo en un primer momento destinada Bizkaia. De todos es conocida la obra Vizcaya por su independencia. Y, como suele decirse, de aquellos barros estos lodos.

Me pregunto si Sabino no tendría en su mente la peregrina idea de que los herrialdes del Zazpiak Bat fueron en su día estados independientes que pactaron libremente su adhesión a España y Francia. Esto que digo no es baladí, ya que, una de las corrientes historiográficas que muchos hemos amado desde críos va en esa dirección: la del libre pacto entre nabarros y castellanos, ciñéndonos en este caso a la Nabarra al sur de los Pirineos.

Insisto, Sabino Arana, autor de la frase Euskadi es la Patria de los Vascos, no tuvo oportunidad (porque no pudo o no quiso, ahí no entro) ahondar en la historia de Nabarra. De haber sido otros los derroteros de su doctrina política, probablemente nos encontraríamos ahora con una coyuntura muy distinta.

Curiosamente, son las formaciones escindidas del Partido Nacionalista Vasco quienes más han abogado por restar protagonismo a la Bizkaia en quien primero puso sus ojos Arana y Goiri. Euskal Herria -pensada como futuro estado vasco independiente de España y Francia- aparenta, al menos a primera vista, un equilibrio entre sus siete herrialdes. Más allá de que nunca haya configurado una estructura jurídico política histórica, me parece interesante recordar que un gran número de abertzales aprueba que ese territorio tenga en Iruña (y, por ende, en la Nabarra reducida), su centralidad.

Sin embargo -aquí reside el problema- el proceso mediante el cual Nabarra trata de recuperar su primigenia soberanía encuentra en cierta casta de nabarros uno de sus grandes obstáculos. Hablo de empresarios, de personas ligadas al mundo de las finanzas, de acomodados ciudadanos con cargo o sin cargo público. Individuos que encuentran en su pertenencia a España la mejor garantía para que su prosperidad se perpetúe en el tiempo. Es así como ponen en funcionamiento su maquinaria partidista para favorecer su gran Negocio Vasco (creo que fue ésa la expresión que en su día usó Arnaldo Otegi en el transcurso de un meeting).

Semejante cortitud de miras sorprendería a quien se tomara un tiempo para analizar ya no sólo ha historia de un estado próspero como la Nabarra en su día soberana, sino también para comprobar que los datos no engañan y que las provincias norteñas que al sur de los Pirineos conforman los despojos del Viejo Reyno generan -junto a Catalunya- la mayor parte del producto interior bruto de España.

Los nabarros seguimos siendo, con diferencia, más prósperos que el resto de territorios que integran la España una, constitucional y monárquica, y ello a pesar del dinero que va de nuestras arcas a Madrid. Y yo me sigo preguntando: ¿Qué temen los artífices del Negocio Vasco? Quizá su apego a su pequeño Reino de Taifas vizcaíno les ha hecho temerosos. Quizá han puesto el acento en la faceta más contraproducente de la doctrina aranista.

Lo dije líneas más arriba y lo repito ahora: de aquellos barros estos lodos. Supongo que el citado historiador nabarro del que hice mención se refería a todo esto cuando hablaba de la cuestión vizcaína.

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