
Llega a las grandes pantallas una de las películas vascas más publicitadas de los últimos años, un proyecto estrechamente ligado a los avances realizados en el campo de la Memoria Histórica, que entronca con el reconocimiento de los que fueron obligados a ser la intrahistoria, los olvidados, durante la Guerra Civil o la Dictadura. Un movimiento que podría ser un lastre o un impulso para un filme como Izarren argia (Estrellas que alcanzar), que ha sido abordado y subvencionado por las tres Diputaciones y el Gobierno vasco. Por mucho que la iniciativa privada (Baleuko) haya impulsado inicialmente el compromiso de liderar el proyecto, el filme dirigido por Mikel Rueda hace suya la reivindicación de la ley y se ha dejado mimar como la película institucional sobre las víctimas de la barbarie ocurrida en Saturraran durante 1938 y 1944. Por supuesto que es loable la intención de homenajear a esas madres que fueron apartadas de sus hijos y reclutadas en unos conventos carcelarios bajo la amenaza permanente de unas tiránicas monjas. Un ejemplo de la política cultural de este país, que no premia la excelencia sino una actividad continuista y el acuerdo entre instituciones. Gerardo Herrero, el productor de El secreto de sus ojos, se quejaba del criterio de las subvenciones en una entrevista no tan reciente. Decía que el Estado otorgó unos ocho millones de euros al alemán Michael Haneke para realizar La cinta blanca. «Si aquí (en España) pasa eso se monta la mundial», sostenía, y no le faltaba razón.
Un proyecto tan ambicioso como el trágico relato de las presas de Saturraran merecía un impulso mejor hilvanado o programado, y finalmente la enorme responsabilidad ha recaído en un meritorio director como Mikel Rueda, que ha depositado sus mejores intenciones en la película, con valentía y sensibilidad. Pero, ¿es suficiente balance para la producción vasca más esperada del año? En Izarren argia se busca la corrección, la visión pedagógica y didáctica, y la utilización del euskera de forma sistemática. ¿Deberían hablar en euskera los sargentos y todos los seguidores franquistas de la película? Un euskera pulcro, sin duda el utilizado, pero que no enlaza con una apuesta firme que propugne la verosimilitud.
Mikel Rueda (1980, Bilbao) ha puesto mucha voluntad en la elaboración del guión y la dirección, demasiada responsabilidad para un director que busca aún su personalidad en la caligrafía visual. Asume que ha querido primar una dirección de fotografía y un encuadre claustrofóbico que enalteciera la sensación de agobio y desazón de las presas de Saturraran. Pero el contexto, esa piedra angular de una película que deriva del misterio y de un guión estructurado y maduro, es una ausente caprichosa. Sí, claro que están presentes las tendencias y las visibles etiquetas ideológicas y políticas de los personajes envueltos en el destino trágico de esas mujeres, que llegan desorientadas y perdidas a la cárcel bajo la lógica desesperación y asombro. Pero, ¿qué sería de Pan negro, de Villaronga, sin su maestría visual y unos personajes marcados por el pasado y los claroscuros?
El director y guionista apuesta por una narración uniforme y una dirección preocupada por motivar a las actrices, que en encontrar recursos estilísticos propios para determinar una mirada cinematográfica con pulso: ágil en las transiciones de escenas, en los movimientos de la cámara, en la planificación de los planos…
Las voces y los testimonios reales que acompañan a la película nos muestran la verdadera fuerza dramática de un suceso terrible, que hace bien en pasar a la primera plana de la actualidad política, y cultural. Un suceso que el filme tiene en cuenta desde principio a fin, una sombra que perdura durante su proyección. Existe una clara vocación por evitar las imágenes más sangrientas y violentas, momentos en los que la cámara impide reproducir el horror y las escenas de muerte o violencia extrema. Una decisión moral que rompe con el intento de plasmar un naturalismo pulcro. Y como en muchas otras producciones, la realidad se maquilla a través de la justicia poética. Si no puedes con el enemigo, busca en la fantasía. Nada que objetar a los actrices y actores del filme, que interpretan con profesionalidad. A partir de hoy, este proyecto privado institucionalizado entra en su carrera comercial. Y la memoria histórica estará más presente que nunca, gracias sin duda a la irrupción de Izarren argia, que ha puesto en el primer plano las caras desoladas de esas mujeres y madres que fueron apaleadas por otras madres… superioras.
* Andoni Iturbe es periodista y profesor de Comunicación Audiovisual de Mondragon Unibertsitatea









