España, estado macartista

España, tierra de conquistadores, de tercios y mercenarios, fundadores y reformadores religiosos, inquisidores y torturadores, pícaros y bandoleros, fanáticos y dictadores… El reino donde se encarcela o se destierra o se vitupera a pensadores, artistas, poetas  sabios y humanistas…  Mas que crisol, hoguera de culturas y disidencias.

La   España del imperio hacia Dios, la de charanga y pandereta, siempre ha sido, un perfecto sustrato para los procedimientos macartistas.

Como es bien sabido –son palabras del pensador estadounidense Gore Vidal-, el marcartismo es posible en una sociedad dominada por un grupo fanático de fascistas, afincado en el odio religioso y racial, corrosivamente aislacionista.

Es perfectamente aplicable a la oligarquía, a la Iglesia y a gran parte de la clase media hispana. Justamente el espíritu que ha hecho posible golpes de estado,  dictaduras y la criminalización de cualquier disidencia. Lo que hizo posible la  falsa democracia que hoy padecemos. Es lo que pasa cuando los fascistas –la transición fue un simple cambio de atuendos y cromos- se hacen demócratas sin pagar peajes.

Es por lo que nos atrevemos a decir que se fabricó una constitución inconstitucional.  No se puede hablar de un período constituyente, cuando su elaboración estuvo en manos de unos cuantos “prohombres” designados a dedo, bajo la estricta mirada del Cristo y de la espada. El pueblo ni se enteró, quizás ni se interesó o la larga noche del franquismo le atemorizaba y secuestraba su libre decisión…

Poco se alteraron las estructuras de la sociedad franquista, porque la constitución se redactó para su exclusivo acomodo. Para que los criminales y verdugos fascistas, con el beneplácito de la ¿izquierda? oficial, pudiera seguir con sus mejunjes o gozar de un retiro dorado.

La actual “democracia”, nutre  sus raíces en un lodazal, donde el genocidio y la maldad permanecen impunes.

La democracia sólo puede estar abajo –decía el ensayista Gustavo Esteva- y a la izquierda… pero no, ni en los crímenes de una dictadura, ni en los sacerdotes de la política embarcados en las disputas por el disfrute de prebendas y privilegios.

En la transición, la ¿izquierda…? hispana, entró con armas y bagajes en el juego de la derecha, abandonando las políticas sociales y aceptando el juego de la oligarquías, la banca y las fuerzas vivas del franquismo.

Se desnudó del marxismo, se introdujo de cabeza en las estructuras imperialistas de la OTAN, renunció al mensaje del socialismo. Actualmente,  pacta, sostiene y se enreda con la derecha franquista más recalcitrante, la que padecemos los vascos.

Y dirigió y dirige, con más énfasis si cabe que la propia derecha, la lucha contra cualquier tipo de disidencia social o independentista.

Los vemos obsesos de las purgas y de la “omerta”. Personajes –son pléyade-, como Felipe González, Barrionuevo, Garzón, y sus avezados alumnos -amalgama siniestra de tartufos y justicieros-, Rubalcaba, Ares… Alguaciles o quevedescos corchetes, que para muchos vascos, no dejan de ser un trasunto del senador gringo Joseph Raymond Mc Carthy.

Alarmante su arbitrariedad, su cinismo –puro macartismo-, sus andamiajes mentales para meter la libre expresión ciudadana, -¿qué harían sin los crímenes de ETA?- en el saco de la violencia y la burla que hacen de las instancias internacionales que denuncian sus procedimientos…

Ya sabemos como responde la “intelectualidad” y los políticos carpetovetónicos, cuando se condena o critica su proceder a lo largo de la historia a sus cuestionables hábitos democráticos. Leyenda negra, complot judeo masónico, desconocimiento de la realidad etc, etc…

Está claro que es gracias al poder de sus estructuras judiciales y policiales y nunca al de la razón o al de la ética, que pueden ejercer su práxis injusta e irracional.

En este sentido es muy ilustrativo el pensamiento del escritor uruguayo Jorge Majfud: “Ninguna ley está por encima de los derechos humanos, y si así fuere, la violencia está justificada. La violencia no procede de la desobediencia, sino de quien viola un derecho fundamental”

Los que en el contexto de Vasconia, tiempos ha, rechazamos cualquier manifestación de violencia armada, ni siquiera recurrimos a esa “violencia justificada” . Pero nos sentimos enormemente alarmados por ese violento marcartismo, auténtica gestación cotidiana del fascismo, en aras de esa sospechosa “pax vasca”.

Tememos la intolerancia de la derecha histórica, tan propensa en su delirio fundamentalista a la barbarie. Nos asusta la estigmatización del pensamiento progresista, el individualismo capitalista y la ofensiva contra los valores sociales…

Son tiempos pues de marcartismo.  Los gobiernos de euskalherria, en un alarde de insensatez o de insania, se enzarzan frenéticamente en controlar el poder y la disidencia. Nada parece preocuparles enderezar esta crisis, que puede conducirnos a los demás –ellos ya se habrán cubierto bien el riñón-, a un agujero o tsunami económico cuyos desastres dejen irreconocibles nuestros recursos y estructuras socioeconómicas.

Nunca pierde uno la esperanza en nuestras gentes. Ahí queda titilando esa lucecita de la esperanza, confiando en que más tarde que pronto, toda Vasconia despierte.

Y digamos alto y claro, una democracia sin disidencia, no es democracia, sino fraude y delincuencia legal.

Publicado por Nabarralde-k argitaratua