La deconstrucción

Los países desarrollados hemos caído en el consumismo más absurdo y pertinaz. Tanto que, actualmente, nuestro crecimiento del PIB se basa, en gran parte, en el despilfarro que generamos. En lo que se refiere a la construcción de viviendas, el disparate de la burbuja financiera ha sido la prueba palpable de cómo en nombre de la codicia hemos construido para alojar aire. Los resultados, a nivel del Estado español, son el colmo de la estulticia, un stock de 21 millones de viviendas, de las cuales más de un tercio están vacias.

Deberíamos volver a la escuela y aprender de los países en vías de desarolo donde se aprovechan mucho mejor los recursos. Los países en vías de desarrollo acostumbran a utilizar materiales de construcción locales y diseñan según las caraterísticas propias de su arquitectura autóctona. A menudo, en estos países no desarrollados, todavía se construyen edificios con la capacidad inherente de poder ser luego desmantelados y aprovechados, en general, para construir otras edificaciones El desmantelamiento debe hacerse poco a poco y con tiempo. Se debe separar de la construcción y clasificar cada uno de sus elementos simples y, así, poder reutilizar sus componentes posteriormente, creando un nuevo mercado allí donde sólo había basura y escombros para el vertedero. Se llama deconstrucción -es el proceso inverso de la construcción- que nos permite recuperar el valor de lo que, de otro modo, más que valer, hubiera costado. De este modo, ahorramos materias primas y energía. Algo que cada vez nos será más caro y de lo que tendremos menos. Éste es uno de los principos de la economía circular, tan relacionada con la nueva era emergente que nos aguarda.

Al contrario que aquí, donde en nombre de la ecología se han potenciado, absurda e incoherentemente, las viviendas en zonas residenciales de baja densidad -contribuyendo así más al consumo de materias primas y de energía y, por ende, a las emisiones de GEIs debidas al transporte- en los países en vías de desarrollo, la Agenda 21 para la construcción proporciona un marco de actuación detallado que considera vitales la deconstrucción y otras medidas sostenibles para las industrias de la construcción en los países en vías de desarrollo. Se defiende que el uso de medidas y construcción tradicionales puede ser un punto de partida para la investigación de tecnologías sostenibles. Consecuentemente, la experiencia de los países en vías de desarrollo es un valioso aporte para los países desarrollados ya que, cada vez se es más consciente de la necesidad de rediseñar los edificios para permitir la posterior deconstrucción y reutilización de materiales. Por su parte, los países en vías de desarrollo tendrán que tomar en consideración las técnicas y materiales que se utilizan en los países desarrollados para poder cerrar con éxito los ciclos de materiales en su sector de la construcción.

La escasez o falta de materiales modernos de construcción en los países en vías de desarrollo es la que fuerza la innovación. Uno de los mayores éxitos de la construcción sostenible, en los países en vías de desarrollo, es el perfeccionamiento de las versiones modernas del típico ladrillo de arcilla. El uso de ladrillos de arcilla, hecho de barro local y, a veces con una cantidad relativamente pequeña de cemento, ha tenido un gran éxito en muchos países en vías de desarrollo. Esta «tecnología» ha atraído la atención de los movimientos de construcción sostenible en los países desarrollados, los cuales están intentando encontrar materiales y métodos de construcción más naturales que cuesten menos o que constribuayan a ahorrar energía, ahora que los hidrocarburos fósiles son muy caros para ellos. También, pretenden ser respetuosos con el medio ambiente y, por supuesto, con la lucha contra el cambio climático que coincide con las políticas de adaptación a una economía de bajo consumo de hidrocarburos fósiles (Low Carbon Economy).

Las políticas de los diferentes gobiernos, bien sean éstas estatales, regionales e, incluso, municipales, pueden contribuir a la implementación de la deconstrucción como una práctica estándar. La fiscalidad sostenible y sus instrumentos financiero-económicos son, por mucho, la forma más fácil de promover prácticas que persigan el desensamblaje de edificios para recuperar materiales de construcción. En particular, los gobiernos pueden incentivar este cambio incrementando los costes de la eliminación de residuos y creando incentivos fiscales para los materiales recuperados. Hoy en día, el coste de vertido de los residuos sólidos urbanos (RSU), procedentes de los escombros que genera la demolición a los vertederos, es muy bajo y, de hecho, directa o indirectamente, está subvencionado por los diferentes gobiernos municipales. Por la experiencia contrastada de algunas ciudades pioneras, ya se sabe que, por medio de aumentos significativos de las tarifas de vertido se contribuye a que, al mismo tiempo, se incrementen las tasas de reciclaje y de reutilización de estos residuos. Por ejemplo, en Portland, Oregón, donde los costes por vertido se elevaron por encima de 50 dólares por tonelada, la tasa de reciclaje de los residuos de demolición saltó del 20% hasta más del 50%.

En Portland, también está localizada la empresa, sin ánimo de lucro, ‘DeConstruction Services’, la cual proporciona a los propietarios de edificios o inmuebles cálculos reales sobre el valor que los materiales recuperados pueden obtener, durante las actividades de deconstrucción. En esta ciudad del Pacífico, los materiales recuperados mediante la deconstrucción se ofrecen a otra empresa sin ánimo de lucro que es la que utiliza los materiales para ayudar a las ONGs locales a construir viviendas. Además, con esta información de primera mano, el propietario de la vivienda o edificio a deconstruir puede deducir de su impuesto sobre la renta un importante porcentaje, en base al valor de los materiales que recicla o reutiliza.

Este hecho aporta un enorme incentivo a los propietarios de los edificios a demoler para que elijan la deconstrucción como sistema preferible de demolición, a la hora del derribo del edificio. Una palanca clave que podrían utilizar los ayuntamientos sería la de legislar de manera que se permitiera un tiempo mayor en el caso de llevar a cabo la modalidad de la deconstrucción, cuando una empresa solicita al ayuntamiento permiso de demolición. Debido a que el tiempo es un factor crucial y altamente necesario para la deconstrucción, el hecho de que la deconstrucción fuese algo obligatorio podría ser de gran ayuda para las empresas dedicadas a la deconstrucción y a la recuperación de materiales. Tambien sería consejable que estas obras fueran exentas de pagar las correspondientes tasas muncipales.

Así pues, y como conclusión, podríamos decir que la deconstrucción ofrece una alternativa a la demolición que no sólo es una mejor opción, desde el punto de vista ambiental, sino que también tiene su importancia económica y social ya que permite crear nuevas empresas dedicadas al desmantelamiento de edificios, al transporte de materiales y de componentes recuperados, a la refabricación o reprocesamiento de componentes, y a la venta de componentes y materiales usados gracias a la creación de un mercado de materiales viejos de construcción que podrían ser aproovechados. A pesar de no haber sido diseñados la mayoría de los edificios para su deconstrucción, sin embargo, son ya bastantes los municipios que han apostado por el desarrollo sostenible. En estos municipios, los edificios viejos existentes están siendo ya desensamblados para recuperar materiales de construcción y, así poder reutilizarlos. Éste es tan sólo el comienzo.

Los beneficios que se podrían generar para la comunidad, si lográramos una mayor tasa de reciclaje de materiales de construcción y que pasara del 10- 20% a más del 70%, son enormes. Los residuos provenientes de la demolición y de las actividades de renovación o rehabilitación podrían representar hasta el 50% de los flujos totales de residuos de cualquier país desarroilado. Los instrumentos de las políticas, tanto económicos como no económicos podrían provocar el paso de la demolición a la deconstrucción, al proporcionar incentivos fiscales y garantizando que hubiera tiempo suficiente para la realizar la deconstrucción de los edificios, en condiciones óptimas. En los países en vías de desarrollo, las prácticas de deconstrucción de edificios ofrecen una significativa fuente de materiales de buena calidad, que pueden ayudar a mejorar la economía y a crear el potencial necesario para que surjan nuevas empresas, proporcionando oportunidades económicas de vivienda para todos los ciudadanos. De este modo, la economía circular acrecentaría su peso, de manera progresiva, en la economía del futuro.