Saltemos al vacío -Wir springen in das Schwarze-, dijo el canciller del Reich, Bethmann Hollweg, el 1 de agosto de 1914, cuando Alemania declaró la guerra a Rusia y, el día 3, a Francia. La catástrofe de la guerra se convierte en inevitable. Las alianzas europeas de finales del XIX y principios del XX definen dos bandos que se alejan y se antagonizan de manera creciente. Por una parte, las alianzas de los imperios alemán y austriaco de 1879 y la triple alianza con Italia de 1882, y por otro, la alianza francorrusa de 1894, la Entente Cordiale entre Francia y el Reino Unido de 1904 y la Triple Entente francoanglorrusa de 1908. En Alemania conviven dos almas, la pangermanista, que quiere construir un imperio en el este con el apoyo del gobierno imperial y la industria pesada y de armamento, y la que quiere mantener el comercio con Europa extendiendo la unión aduanera de los imperios centrales, Zollverein. La primera quiere la guerra para crear el imperio, la segunda no, quiere mantener los mercados de un país que industrialmente ya es el primer exportador en Europa. Se impone la primera por la ficción del cerco por Rusia y Francia a partir de dos ideas que se demuestran falsas, la fácil victoria sobre Francia y la urgencia de derrotar a Rusia antes de que el desarrollo de la red ferroviaria rusa, financiada por capital francés, Rotschild, permita un despliegue rápido y efectivo de sus ejércitos que haría difícil, sino imposible, la victoria alemana. El error de cálculo alemán se deriva de creer que el Reino Unido no reaccionaría a la invasión de Bélgica. El plan Schlieffen, elaborado en 1905 y que lo preveía, llevaba indefectiblemente a la confrontación. Los Países Bajos eran un linde británico intocable desde Guillermo III en el siglo XVII… La decisión es estúpida y lleva a la guerra con Francia y el Reino Unido por el oeste, y con Rusia por el este. La victoria francesa en Marne y la salvación de París en septiembre de 1914 son posibles porque la ofensiva rusa en Tannenberg y Mazur, que termina en derrota, obliga a Alemania a desplegarse también en el este.
Alemania gana la guerra a Rusia y firma la paz de Brest-Litovsk con el nuevo gobierno revolucionario de Lenin en marzo de 1918, y esto, después de tres años y medio de guerra estática de trincheras en las que mueren 8 millones de personas, le permite desencadenar una ofensiva, la Tormenta de la Paz (Frieden Sturm), en julio de 1918, que debía ser definitiva y que es parada primero por el ejército británico, y de la que se derivan las derrotas sucesivas e imparables de los ejércitos alemanes. Estos hechos y la constatación de que los EEUU ya tienen en el campo de batalla 250.000 hombres llevan a Alemania a pedir la paz antes de que los ejércitos aliados entren en su territorio. El nuevo canciller, Max de Bade, lo hace de acuerdo con los catorce puntos del presidente Wilson, que luego sirven para la creación de la Sociedad de Naciones. Clemenceau no quiere la victoria total y acepta la negociación porque espera el apoyo estadounidense del presidente Wilson para conseguir las «reparaciones de guerra» que Alemania debería pagar. De hecho, el artículo 235 del Tratado de Versalles señala como único responsable de la guerra a Alemania. Es la razón que utiliza Francia para justificar las compensaciones económicas por la guerra y que utiliza Hitler, años más tarde, para pedir venganza contra Francia y el Reino Unido. Para el ejército alemán la paz de Versalles es simplemente una tregua…, De Gaulle pensaba que la primera y segunda guerras mundiales eran una sola de treinta años de duración.
El presidente Wilson impulsa la aprobación del Tratado de Versalles por el Congreso de EEUU, sufre un ataque cerebral en septiembre de 1919 y éste no lo aprueba. En noviembre de 1920, el presidente Wilson pierde las elecciones presidenciales contra el republicano Warren Harding y los EEUU firman una paz por separado con Alemania. La ruptura de la solidaridad francoamericana tendrá consecuencias. Al no renovar el mandato del presidente Wilson, los EEUU se desplazan hacia el aislacionismo, sólo los demócratas tenían una visión transatlántica de la política, la derecha de los republicanos y una parte del pueblo no querían ninguna implicación de los EEUU en Europa. La semilla de la guerra de 1939 estaba plantada. La secular voluntad alemana de dominar Europa es el origen de las guerras de 1914 y de 1939. Cuando un problema es profundo, su cierre en falso no lo resuelve, lo agrava. La historia lo prueba reiteradamente…
EL PUNT – AVUI








