La Gran Guerra de 1914 llamó mi atención tras la lectura del libro de la historiadora norteamericana, Barbara W. Tuchman, The Guns of August, que se traduciría a muchos idiomas. Es un relato documentado y lúcido que arranca con el funeral del rey Eduardo VII en Londres una mañana de mayo de 1910 mientras sonaban las nueve en el reloj del Big Ben. Por última vez se reunían reyes, príncipes, presidentes y jefes de gobierno, que representaban a más de setenta naciones que cuatro años después se enfrentarían en las trincheras europeas.
La autora se recrea en la atmósfera política, social, militar y económica que llevó a una guerra que nadie quería, no era previsible y acabó sembrando Europa de millones de muertos. La obra de Tuchman significó el gran relato de la hecatombe que llegaría al gran público occidental. Recibió el premio Pulitzer.
Una idea que teorizó Tuchman en toda su producción histórica y literaria es que todos los dirigentes de todos los imperios sabían perfectamente lo que no debían hacer y, sin embargo, lo hicieron causando grandes desgracias a la Humanidad.
El otro libro que cautivó mi imaginación fue el de un checo, Jeroslav Hasek, que tituló Las aventuras del valeroso soldado Schwejk y que se convirtió en la obra literaria en checo más conocida en Europa. Franz Kafka fue contemporáneo suyo pero escribió mayormente en alemán.
La visión de Hasek de la confrontación es una sátira mordaz y divertida contra la frivolidad de las guerras. El soldado Schwejk recurre a escenarios estúpidos obedeciendo de tal manera que todas las órdenes recibidas llevan al absurdo dejando en ridículo a los más sesudos generales. Murió en 1923 y la obra la completó otro escritor checo.
De la Gran Guerra escribieron Winston Churchill, Erich Maria Remarque con su Sin novedad en el frente y Ernest Hemingway con Adiós a las armas. El libro reciente que más me ha impactado es el de Margaret MacMillan, 1914, De la paz a la guerra, una puesta al día formidable de los factores que llevaron a aquel conflicto.
El impacto de las fotografías en los campos de batalla marcaron la percepción que se tuvo de aquella conflagración que debía terminar con todas las guerras pero que fue el comienzo del siglo más bélico y sanguinario de la historia. Aquellas láminas de desgracias y miserias humanas, todavía sacuden la conciencia del mundo cuando se contemplan cien años después.
El Ciervo








