Asterix y Obelix en Tudela

Frente a quienes disfrazan de navarrismo su españolismo, la memoria de la conquista y la resistencia abre la puerta a nuevos debates. Tudela desentierra algunos de sus días más memorables. Y lo hace mirando al futuro, por fortuna. Zorionak Tutera!

Sí, he recurrido a un título trampa, que diría el inimitable Mayor Oreja, del que por cierto, algún día puede que nos animemos a contar cositas que desdibujarían su imagen de duro entre los duros.

Pero, no nos distraigamos. Hoy toca hablar de Tudela. A fin de cuentas, el título solo hace trampa en parte. Tudela no era ni hace 500 años, cuando los españoles entraron en Nafarroa a sangre y fuego, ni es ahora, una aldea gala. No la habitaban gentes cuyos nombres acabaran en ix, como Asterix, Obelix, Panoramix… Pero, aunque no encaje con muchos tópicos actuales, fue allí donde la resistencia a la primera invasión de julio de 1512 fue más duradera. La ciudad resistió pese a la desproporción de fuerzas y solo ante la evidencia de la imposibilidad de llevar adelante su actitud aceptó la rendición, no sin antes recabar el consejo de los reyes navarros, que habían tenido que salir huyendo del ataque.

Hace 500 años, en los primeros días de septiembre, una sola ciudad se mantenía firme frente a los ocupantes. Entre sus habitantes, gentes que habían profesado las religiones musulmana y judía. Sabían muy bien cómo las gastaban los españoles. Con ellos iba a llegar la Inquisición y un clima asfixiante desconocido hasta entonces. Nafarroa no era un paraíso, no nos engañemos, pero los españoles traían algo mucho peor. También los demás pobladores lo intuían: Tudela estaba y está cerca de la frontera, peligrosamente cerca, como se ha puesto de manifiesto a lo largo de la historia. Por eso resistieron, por eso se sublevaron más tarde cuando tuvieron ocasión.

Tudela la resistente ante los españoles. Tudela, junto al Ebro, ciudad que no quiso ser española. Sus gentes sufrieron, como tantas otras, aquella tragedia, provocada por el maldito expansionismo español que regó de sangre medio mundo. La persecución a la disidencia fue terrible. La gente sufrió el cambio y la rabia se desató en la sublevación de 1521, uno de cuyos objetivos fueron los inquisidores.

Tudela ha cambiado desde entonces. La verdad es que cuesta reconocer en ella a la rebelde ciudad que cercada por los españoles no quería dar el brazo a torcer. Si estar cerca de la muga fue duro, que esa frontera dejara de ser el límite entre estados independientes, fue una catástrofe. El precio pagado ha sido muy elevado, en esa tierra a veces dura, pero agradecida y fructífera.

Las gentes peleonas de la Ribera van a recordar lo ocurrido en 1512. No es que les haya dado un ataque de nostalgia, simplemente quieren recuperar un pasado que ha sido ocultado y distorsionado. La historia da vueltas y lo que la conquista trajo puede llevárselo la desconquista.

El reto está sobre la mesa y solo puede afrontarse al modo de la Ribera, donde las recetas de otros lugares han dado resultados muy limitados, cuando no han sido poco menos que contraproducentes. Ahora, frente a quienes disfrazan de navarrismo su españolismo, la memoria de la conquista y la resistencia abre la puerta a nuevos debates. Tudela desentierra algunos de sus días más memorables. Y lo hace mirando al futuro, por fortuna. Zorionak Tutera!

 

 

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